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Diario de mi Camino de Santiago
de Miranda a Santiago
0a. ¡Por fin!
0b. Preparativos
0c. El cumpleaños de Elena
0d. León
01. León - Hospital de Órbigo
02. Hospital de Órbigo - Rabanal del Camino
03. Rabanal del Camino - Ponferrada
04. Ponferrada - Vega de Valcarce
05. Vega de Valcarce - Triacastela
06. Triacastela - Portomarín
07. Portomarín - Mellide
08. Mellide - Arca
09. Arca - Santiago
10. La Rúa Petin

Por fin !
...después de tantos años he decidido
hacer el Camino de Santiago

Dia 29/7/97

Hoy 29 de Julio de 1997, me he acercado hasta una librería para comprar un cuaderno de notas para esta excursión, peregrinaje o vacaciones . Son las tres ideas tan válidas como cualquier otra palabra que signifique aventura, camino, inicio.
Creo que este Camino de Santiago no tiene una definición que tenga capacidad de recoger los sentimientos, motivos o promesas que cada peregrino espera de esta ruta.
En mi caso ahora, y por la noche con 2 días por delante hasta salir hacia Compostela, sólo tengo preguntas que hacerme
¿Podré?
¿Cómo aguantarán los pies...?
Y mi cabeza ¿qué pensará en estos días de soledad y descanso?.
Igual que me las pregunto, encuentro contestación, pero son unas respuestas que tienen una motivación en mi propia voluntad y no se si son objetivamente sinceras. Habrá que esperar al final del recorrido para poder averiguar si es verdad todo lo que en principio había tenido claro.
La preparación del viaje no se si debido a mi propia ansiedad pueda ser lo suficientemente buena puesto que no creo que físicamente me falte ningún objeto. Lo que sí puede que falte sea una preparación física. Soy un chico que no lleva muy bien eso de hacer deporte y así de golpe y porrazo, andar todo el día. Creo que la solución a esta falta de ejercicio lo suplirá, en lo que sea posible, la predisposición en la que me encuentro.
Esta disposición no la tengo clara, no se si quiero vacaciones, encontrar 'algo', descansar, pensar una promesa que no existe, un deseo este último sí que es cierto, quiero hacer el camino, pero no creo que pueda encontrar más motivación que ese 'querer' sin más.
Es este 'querer' lo que empuja hacer las cosas y me mueve a algo tan original o desconocido para tanta gente que se queda asombrada cuando oye lo que vas hacer.
La utilización en este escrito de la palabra 'querer' me está dando pie para empezar a pensar en nuevas ideas que me vienen a la cabeza y que no se si son nuevas o son ideas que estaban en mi, pero que no había sido capaz de percibirlas.
'Querer es poder' es una frase hecha, que ahora la encuentro con una gran significación, me empuja y ayuda a contestarme a las preguntas que me planteaba al principio de este relato.
Después de un baño y pensando lo bien que estaba en la piscina me preguntaba, ¿por qué dejo esto unos días? con lo bien que se está. Qué puede animarme a decidir dar este paso. Creo que tiene que ser algo más que unas vacaciones, que hasta ahora para mí significaban descanso. Estos días puedo darles el calificativo de vacaciones, pero con otro sentido al que en general se reconoce a esta palabra.
Será otro tipo de descanso, emocional o de la rutina del trabajo, del estudio. Creo que en cierto sentido puede ser así, pero no sé por cuál de ellos decantarme más.

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Preparativos

Dia 30/7/97

Todos los intentos por conseguir que alguien se apunte al viaje no han servido para nada. Puede que no haya puesto mucho interés en localizar gente que de veras quiera ir en plan peregrino. Tampoco me va a suponer mayor problema el hecho de ir solo, hay mucha gente por el Camino y hasta ahora no me ha impedido nada dejar de viajar por no tener con quien ir.
Es ahora cuando se que voy a tener que ser yo el que saque las castañas del fuego. No va haber nadie que me solucione la papeleta, también es cierto que no tengo que cargar con nadie.
Como no dependo de nadie voy a poder adaptar los planes a las etapas y las condiciones que yo vaya viendo en el recorrido como en mi propio cuerpo.
Y hablando de cuerpo, hoy sí que he hecho algo importante, antes de la caminata, preparar los pies. El callista me ha dejado los pies como nuevos, y lo principal el callo- los callos, han desaparecido temporalmente, al menos lo que dure el viaje.
Si seguimos con los preparativos hoy he adelantado algo que según he leído habría que esperar a llegar a Santiago. Ya tengo las conchas de las Vieiras o Veneras. No se si es la parte cóncava o la plana la que se usa, no creo que tenga importancia. Aunque pienso que la cóncava, puede ser utilizada como recipiente, en el recorrido, puesto que resulta práctica para beber. Mientras nadie me de otra razón la tendré esta por buena. En estos días espero poder encontrar la solución a esta duda. Por ciento la vieira estaba muy buena.

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El cumpleaños de Elena

Dia 31/7/97

Ha sido una buena fiesta de cumpleaños, sólo estábamos la familia, faltaba alguno más, pero los que cenamos podemos estar contentos. A la homenajeada, Elena, le encantó el regalo y la presentación de este, fue muy original. Nos reímos un buen rato. Las chuletas las preparó José, -algo que hay que agradecerle- según el papa no es de los dispuestos a echar una mano- salieron en su punto y no pasó como en otras ocasiones que acaba sobrando de todo.
La charla al contrario que en otras ocasiones no caldeó el ambiente, pues el fuego de la chimenea ya lo había puesto a tono. Hablamos de todo un poco y algo que me gustó mucho fue el comentario del papa al decir, que tenía interés en acompañarme o recibirme en los últimos kilómetros de recorrido. Le tomé la palabra y espero que cuando llegue a Santiago se decidan a salir del pueblo y pasar unos días en Santiago - Será difícil, pero el primer paso ya lo ha dado él, yo solo voy a animarles.

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León

Raquel
Día 1/8/97

La llegada a León y el viaje en tren sin ningún problema - únicamente - prisas. El tren llegaba a la estación cuando yo descargaba las maletas todo a prisa. El cinturón del pantalón me lo até en el andén de la estación. No encontré mi asiento, pero el viaje no lo hice solo, coincidí con un ceutí ( no le pedí el nombre) e hicimos un buen viaje con charla.
Cuando llegué a León siguió la charla con Raquel fue una buena forma de volver a contarnos nuestras historias después de tantos años. A las 7 salimos a dar una vuelta por la ciudad y creo que sin haber hecho un recorrido exhaustivo conocimos lo que de verdad me importaba.
San Isidoro - un museo con auténticas joyas, pintura y documentos. La guía bastante buena a la hora de la presentación. Después más paseo por el barrio la Humedad y la Catedral ('La Luz, los colores). Las vidrieras son impresionantes dan 'Vida' a ese gran edificio. en un momento tuve que tragar saliva porque estaba impresionado, no hay nada como verlo, cualquier comentario nunca puede representarlo exactamente. Después otro paseíllo por los edificios y zonas características de su parte vieja y el tapeo. Hacia las 21:00 tomamos la 1(tm) tapa - la pillé a deseo - y la cena en la plaza también estuvo muy bien. Eso sí la visita siempre estuvo aderezada con una buena conversación, había tantas cosas que contarse. Conocí a Mercedes la amiga del pueblo de Raquel, una enfermera muy simpática - tendré que volver otro día a León a ver la Catedral iluminada.
La noche fue más larga de lo imaginado había amanecido, pero el reloj se empeñaba en marcar las 4:15. a mí no se me ocurrió pensar que se había parado, así que me levanté a las 7 y porque me llamó Raquel (gracias Raquel).

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León - Hospital de Órbigo

Acabo de recibir carta de Carlos y Luisa
Día 2/8/97

Me coloqué la mochila por tercera vez y pensé de nuevo si yo podría aguantar ese peso hasta Santiago. Mejor dicho, no lo pensé si lo hubiese hecho todavía no hubiera salido de Miranda.
Bajamos a la parada del autobús. (fue mi único recorrido del camino en un vehículo motorizado) mientras esperábamos me acordé de la cámara de fotos y flash, 'recuerdo de como empecé' el final estaba por llegar.
Nos sentamos en el autobús, y escogimos asiento un sábado era difícil cruzarse con gente por la calle y mucho menos en los asientos del bus. Yo le hacía a Raquel las últimas preguntas sobre el camino y le comentaba que no quería esperar otros 4 ó 5 años para volver a verla. La invité a Miranda.
A lo lejos veía ya el Hostal de San Marcos, se acercaba por momentos, me incorporé con mi mochila, sombrero y di dos besos de despedida a mi anfitriona.
El autobús paró frente a la entrada del Hostal parecía como si debiese de para en ese local para iniciar el camino. No lo pensé, atravesé la puerta, yo con mi indumentaria de peregrino y ese edificio tan señorial. No importaba, la recepción estaba un poco más adelante y le pregunté al recepcionista a ver si podía sellarme la credencial. Amablemente lo hizo. Yo ya me sentía como si entonces hubiese empezado lo que iban a ser las vacaciones menos descansadas de mi vida.
Salí a la plaza y al cruzar el umbral del edificio miré a todos los lados, par acordarme de ese momento más adelante. Me giré a la derecha para cruzar el río, y sólo pensé: ya he empezado.
Puse la primera y el paso que llevaba era fuerte y con ganas, a medida que avanzaba iba con otro ritmo cada vez más ligero, estaba pasando a la directa - como diría el papa -.
Sabía que ese paso no le seguiría manteniendo en los próximos días, pero ahora lo disfrutaba. Me daba ánimos y fuerza. Llevaba conmigo una cachaba, que en ese momento lo consideraba un trasto o un entretenimiento para hacer como Charlot con el paraguas.
Otros días, en las etapas de montaña o simplemente cuando estaba agotado al final de una jornada de mucho esfuerzo me daría cuenta de la buena compañía que me haría.
Los primero Kms. desde León fueron fáciles, pero nada bonitos simplemente ir atravesando lo que quedaba de la ciudad y sin solución de continuidad cruzar algún pueblo de las afueras de la capital.
No llevaba andando media hora cuando llegué a una cuesta y un señor que pasaba en bici me indicó que el camino seguía a la derecha en el cruce que estaba pasando. Era, yo creo, la primera indicación del camino que indicaba un desvío, y me la había pasado. Pues empezamos bien, pensé.
Pero el caso es que después de meditarlo un poco me di cuenta que las cosas no podían tener mejor inicio.
Al primer problema, le había acompañado la mejor solución, un señor que me dirigió bien. ¿Qué podía esperar de los siguientes problemas?. Lo más fácil para mí fue creer que podría tener la misma solución, y con ese ánimo me enfrenté a los 290 y tantos Kms. que quedaban.
El señor que me indicó, subió despacito la cuesta con su bici al llegar al repecho del desvió se bajó y subió andando lo que quedaba. Aprovechando que yo seguía ese mismo camino se dirigió a mi y me comentó que había esa carretera para evitar el cruce de la carretera nacional a los peregrinos, aparte de acortar algo las distancias.
Llegamos al llano y ahí el buen hombre se detuvo y volvió a montar en su bicicleta, me dijo que fuese siempre por la izquierda hasta la carretera y no tendría pérdida.
Hasta entones por el camino no había coincidido más que con ciclistas a partir de ahora fue cuando empezaría ver a lo lejos a otros peregrinos a pie. Y hasta la Virgen del Camino llegaría a contar unos 30 ó 40.
Dejé el camino y por el arcén me acercaba a La virgen del Camino, en este pueblo, era donde hubo la mayor concentración de peregrinos a tan temprana hora. Todos estaban en la iglesia, - encomendándose - como hice yo - para tener un buen camino - otros ya habían pasado y se tiraban fotos frente a la portada tan característica de la iglesia - otros más madrugadores empezaron a tomar el bocata del almuerzo o un cafelito en el bar.
Yo no podía empezar a parar después de una hora de andar, había que seguir. Atravesé la carretera como el grupo de peregrinos anterior y le seguí. Aquí apareció la posibilidad de un desvío. Seguías por la carretera o a la izquierda por Fresno del Camino, Yo como novato decidí el asfalto era más feo y mas ruidoso, pero lo conocía mientras que el camino - aun bien señalizado - no me inspiraba confianza después del fallo anterior. Al día siguiente me enteré que el camino alternativo es más bonito y no tiene apenas ruido, pero hay un tramo de piedra que deber ser criminal. Así que di por bien empleada la decisión que tomé.
Cuando habían pasado un Km. o 2 desde la iglesia, llegamos a un nudo de carreteras, había que meterse en ese follón como uno mas sino querías dar vueltas como un tonto. Crucé la valla, - el trazado de tantos caminantes había dejado bien marcada la huella,- y a recorrer el camino como un coche más, sin ruedas y algo más despacio que los coches que zumbaban al lado.
Daba respeto cruzar esas carreteras o andar por el arcén cuando venían de frente un montón de camiones o coches que parecían balas. Yo en muchas ocasiones he estado, pero en el otro lado, detrás de un volante y me parece que ese lugar está bien, se facilita en esos nudos la circulación de coches, pero no están pensados para los peatones. Lo que yo hice en ese caso, era... mucho respeto...siempre a la izquierda y con ojos hasta en las orejas.
No duró mucho esto de cruzar carreteras, enlaces y dunas, pero eso sí, la carretera la íbamos a tener siempre al lado.
Como todavía yo tenía buena forma (solo había recorrido 10 Km.) adelanté peregrinos en esos Kms y cuando vi que uno de estos iba solo decidí, acompañarle sino tenía inconveniente. El chico con el que me crucé se llamaba José Antonio y era de Santander. el ya llevaba varios días desde Frómista. Se le veía cansado, pero con mucha suerte porque había decidido que él sólo iría en el día de hoy hasta Villadangos - Tenía tiempo cosa que yo no podía / quería / disponer. El día anterior había hecho una etapa muy larga y le había fastidiado mucho, decidió que sería mejor descansar un poco para reponerse.
A mi me daba envidia todo el día para descansar, pero también me gustaba la idea de forzar un poco la maquinaria y conseguir hacer unas etapas lúcidos por su longitud, esfuerzo, etc. Seguía el camino, y al pasar por Valverde del Camino oímos un ruido muy raro, como un disparo. En una casa en medio del páramo. Seguimos andando, pero José Antonio comentó que podía haber sido un disparo. Lo que yo estaba pensando. Intentamos olvidarlo, pero después de un rato todavía miraba para atrás como queriendo ver algo. No hubo nada que ver.
El sol seguía subiendo y yo lamentaba que la etapa de hoy era como esos versos de: 'Polvo, sudor y hierro el Cid cabalga'.
Eran las 10 y calentaba como nunca, los saltamontes y los demás bichos se cruzaban a nuestro paso por le polvoriento camino. Eran los ruidos típicos del campo en pleno verano aderezados a lo lejos con el paso de tubos de escape, motores acelerados y camiones humeando el ambiente.
A lo lejos se veía San Miguel, José Antonio planteó la posibilidad de parar a tomar agua, yo le apoyé, pero debímos de buscar una sombre. Ibamos cruzando las primeras casa del pueblo y no encontramos nada, al cabo de un rato, una parada de autobús con la fuente enfrente y unos bancos a la sombra fueron la Os....
No duró mucho este lapso, costaba más incorporarse cuanto más se estuviese sentado.
Subimos una pequeña cuesta a la salida del pueblo y lo peor de todo es que al poco de iniciar el camino se veía el final de la etapa. Era un llano en el que al fondo se encontraba Villadangos, pero que por mucho que uno se acercase no llegaba aprehenderlo porque se alejaba todavía más. Era como un espejismo. Andabas y después de un buen rato parecía que no habías hecho nada, solo al mirar atrás veías tus huellas y algún detalle en que te hubieses fijado te corroboraban que estabas avanzando.
El camino era 'polvo, sudor' así que ante una sombra no pudimos seguir el camino. Faltaban solo 2 Kms. ¿por qué parar?. La sombra era casi una liberación, de tal forma que nos plantamos allí para recuperar el resuello. Lo que quedaba ya solo era cosa de media hora para José Antonio, seguimos y a la entrada del pueblo aparecía el Albergue, imposible pasar de largo - en el camino y la carretera estaba pintado con letras grande.
Me despedí y le deseé 'buen descanso', yo seguiría. Me preguntó que hasta donde. Yo le contesté que hasta donde me llevasen mis cachabas (piernas). Siempre tuve en mente unas etapas más largas de lo que en realidad yo estaba preparado. Creo que en ninguna de las etapas dije hasta donde iba por mucho que lo hubiese decidido era una forma de no romper unos planes que no tenía suficientemente estudiados.
En ese pueblo paré a comprar algo de pan y agua, pregunté si había algún sitio cerca donde almorzar - en una chopera, etc. - y cuando vi el sitio decidí continuar.

Volvía a ser un camino recto, por el asfalto y sin sombras. Se presentaba una pesadilla ante mí. Lo único alegre del paisaje, eran lo verde de los campos y la acequia, que paralela a la carretera dejaba un ruido muy agradable, que al poco, decidí parar, en medio del campo, sin sombra, pero al lado de la acequia, para comer el bocata y mojarme los pies.
Me descalcé e introduje los pies en el agua, estaba helada. La sensación era esa, al cabo de unos segundos sacaba los pies pues parecían cubitos. Se ponían rosa encarnado cambiaron de color en un momento. este baño tan gratificante después de oír comentarios por el camino puede que fuese el causante de alguna de mis ampollas aunque en ese momento ya tenía la primera a la vista. Había que reventarla. Saqué el instrumental y manos a la obra.
No fue nada. Y menos, si lo comparo con lo que tuve que trabajar después (reventando ampollas).
El baño se desarrollaba bien y el bocata de chorizo que me papeé acabaron dejándome a punto para atacar la última parte del recorrido. Quedaban todavía Kms. a San Martín me costó llegar, pero lo peor fue a partir de ahí. Solo eran dos rectas lo que quedaban hasta Hospital de Órbigo, pero no se cuando tenía cada una. Era ya la 1 del mediodía y el sol siempre estaba ahí presente. Cada vez caía más duro y yo cada vez daba los pasos más pequeños, no quería parar, pero tampoco tenía donde hacerlo así que continuaba. De vez en cuando algún coche pasaba y tocaba el claxon, sin muchas ganas levantabas la mano o el bastón para agradecerle el detalle, pero era sólo eso, moral lo que te daba, yo necesitaba sombra, una alfombra, zapatillas y un buen bocata.
Paré y vacié casi por completo la cantimplora porque ya a lo lejos se veía lo que parecía el pueblo, cogí el cruce que había más allá y solo quedaba Km. y medio.
Fue penoso, parecía que no llegaba, pero estaba ahí, seguía, pero mi cabeza ya no estaba en su sitio. Ese Km. largo fue criminal en todos los aspectos. Veía un cartel de albergue y se me alegraba la cara, pero debajo ponía a tantos mts. y volvía a desfallecer. ¿Sólo sabía hacia donde ir, me pareció que lo más apropiado era cruzar el puente (que también es muy largo) y ya vi el local donde podía coger las llaves del albergue. Estaba salvado, había llegado a la 1(tm) etapa.
Entré en el bar me quité la mochila pedí una cerveza y pregunté por el albergue. Tuve que esperar un ratillo, pero otras 2 cervezas y un bocata acabaron por recuperarme.
El jefe salió y me selló el pasaporte, me comentó que de dónde había salido y al enterarse que empecé en León ese mismo dia dijo que había sido una pasada. Y más cuando no tengo ninguna preparación.
Le comenté que si me encontraba bien era posible que siguiese hasta Astorga, después de la siesta. Me desengaño de tal barbaridad y en buen momento fue así. Cuando me vio como andaba puso cara de póker y me repitió lo anterior que lo dejase por hoy.
Todavía no estaba en el Albergue tenía que ir un poco más adelante. Estaba a unos 500 metros, pero que después de recorrerlos me parecieron 2000 ó 3000 mts. El refugio no aparecía, solo había señales que lo indicaban. Llegué a pensar en que era una broma o una equivocación mía. Solo los carteles me permitían confirmar que era el camino al descanso de Hospital de Orbigo. (Apropiado nombre para lo que yo voy a necesitar en esas horas de reposo)

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Hospital de Orbigo - Rabanal del Camino

Dia 3/8/97

Ya había pasado la primera noche en un refugio. El descanso fuera de tu cama habitual no supuso ningún problema. El cansancio que tenía era tal que hubiese dormido en una piedra. Pero este descanso que fue tan reparador para mí no fue tal para los demás ocupantes de la camareta. Al acostarme les comenté que por la noche a veces hablaba y por lo que me dijeron, Carmen y Carlos - los salmantinos - estuve hablando por la noche y creo que el tema de mis sueños era ' El Camino de Santiago'- Carmen dijo que parecía una fijación la mía - 'tengo que hacer el camino', ' tengo que llegar ', eran frases que comentaba. Esto mismo lo corroboró Carlos cuando se lo pregunté.
Visto el escrito de mi sueño en las siguientes ocasiones avisaba a los que dormían alrededor de mi sobre mis charlas nocturnas.
Me dediqué a recoger los trastos mientras me contaban la historia de mis alucinaciones. Fue el único día que pude retirar la ropa del tendedero seca. Desayuné algo con los catalanes (Sergio, Manolo, Eli, Esther, Carmen, Yolanda) y me preparé un bocata. Nos habíamos levantado a las 6 de la mañana y hasta las 7 no salimos. Las chicas tenían que preparar las mochilas y les lleva mucho tiempo. Por lo que comentaron en León dejaron un montón de cosas, no se dieron cuenta que todo lo que utilizaban debían llevarlo a hombros y hasta que no anduvieron un poco no se percataron de su error.
Por fin las 7 y ya estábamos todos, empezaba la segunda etapa para mí. Las chicas con rapidez se pusieron delante. Cruzamos el pueblo por la calle mayor, era el pueblo una especie de culebrón, porque todo discurría a los lados de la calle principal que era un tramo del camino de Santiago.
Dejamos el pueblo atrás y volvíamos a ver las planicies de la meseta-páramo leonés. Aquí el sol calentaba de lo lindo.
Adelantamos a unos chicos de Villena que salieron antes del albergue y durante toda la mañana estuvimos haciendo el efecto goma, los adelantamos, nos adelantan. Cada uno parábamos cuando creíamos conveniente. Nosotros al cabo de una hora nos sentamos un rato en la cuneta de la carretera e hicimos unas fotos. Cuando las vi se nos podía ver el cansancio en la cara y no habíamos hecho sino empezar.
Nos incorporamos y 500 mts. después volvimos a parar, Sergio no podía seguir. Pensamos cual era la mejor solución, hacer autostop hasta Astorga, y allí decidir que hacía. Si volvían a Barcelona, se quedaban de camping en Astorga o seguían camino. Todo esto lo estuvimos hablando después que Sergio fue recogido por un coche. No tenían nada claro les fastidiaba seguir ellos solos, pero el desenlace de tantas dudas creo que fue el mejor posible. Me enteré de él en 'El Acebo'. Sergio había decidido comprarse una bici y acompañarles en el camino, pero a dos ruedas.
Antes de conocer todo esto hicimos el camino hasta Astorga tranquilamente hablando de todo lo que se ponía por delante - nuestros trabajos, las vacaciones, política, futbol, Miguel ¡ngel Blanco- Trabajaban 2 de ellos en la Universidad de Bellaterra en el departamento de geología eran topógrafos. Otra chica era administrativo de una empresa y otra chica era vegetariana. Como se ve siempre había posibilidades de hablar de todo.
A falta de 4 Km. para Astorga estábamos en un alto y pudimos ver todo el valle en el que se encontraba la Astúrica Augusta. ¡Qué ánimos da ver el final del camino!. No como cuando vas por la llanura y sólo tienes por delante horizonte. Bajamos con tranquilidad y en San Justo de la Vega paramos a beber en la fuente, eran las 11:30 y el sol castigaba. 5 minutos de reposo y continuar. En el bar del pueblo estaban los chicos de Villena, ahora nos tocaba adelantarles.
Estábamos entrando en el pueblo y Manolo y cia. pensaban en Sergio, tenían que buscar la estación, pero no fue necesario. Esta vez fue Sergio el que salió a buscarnos el camino. Fue ahí donde nos despedimos, les dejé mi dirección y espero manden la foto del lavadero.
Aquí nos cogieron los alicantinos y seguí con ellos el resto de la etapa hasta el refugio.
La cuesta de subida a la ciudad fue criminal, unas rampas cortas en las que sirvieron de gran ayuda el pasamanos. Parecía un abuelete ayudándome con la cachaba y el pasamanos.
El albergue no lo abrían hasta las 3 y eran las 11:45. Pensé que la etapa de hoy todavía no podía acabar, pasaría por la ciudad, Catedral y continuaría hasta Murios.
Visité la plaza Romana, unas ruinas muy bien restauradas y continué por el camino hasta encontrar una farmacia, no tuve problemas, apareció ante mis narices y un domingo. (Era la de guardia) ¡Qué suerte!.
Hice acopio de todo, tiritas, glucosa, todo lo que creía necesario. Olvidé el bordón, pero me acordé pronto y lo recuperé. Seguía las señalizaciones y llegué a la catedral. Paré primero en una bar para recuperar fuerzas, unas cañitas y bocata jamón. Pasé al servicio y empecé a trabajar en las ampollas. Había alcanzado una de las paradas clásicas en el camino y todavía no tenía los sellos en la credencial así que me acerqué a la oficina de turismo y a la Catedral. En la primera contesté todo un cuestionario con mis datos y en la Catedral tuve que esperar porque estaban en los oficios. Decidí que debía seguir. Murias estaba a unos 5 Kms.
Acabé de atravesar la ciudad y ahora ya no había sombra en la que guarecerse. Menos mal que la etapa no era larga. En Valdeviejas estaban tirando cohetes, serían fiestas. Me pasaron en bici varios peregrinos y como no podía faltar nos deseamos 'buen camino'.
A eso de la 1:30 llegué al albergue antes me habían hecho pasar por una cosa a recoger la llave del refugio, pero de ahí me indicaron que fuese al Mesón de Antonio. Entré en el bar a pedir la llave y casi como un zombie tuve que preguntarle dónde estaba el refugio, cuando lo tenía delante de mis narices.
Aquí conocí a Kepa, me invitó a una cerveza, es el ciclista con el que coincidí en varias ocasiones.
Entré en el albergue, había literas, agua, duchas y sombra. ¡Chachi!.
No tardé en dejar la mochila descalzarme y pasar por la ducha. Aun cansado uno ya era otro hombre. Me puse de tiros largos y con Carmena (Valladolid) fuimos a comer a Mesón Antonio. En el comedor estaba Kepa y nos ofreció su mesa para comer con él, aceptamos.
Por lo que oía de sus comentarios Carmen y Kepa aunque no se conocían sí que conocían bien el camino. El había sido hospitalero en un par de ocasiones y había hecho el camino andando ahora le tocaba en bici.
Carmen también repetía la experiencia.
Yo intenté coger todo lo que pudiese servirme para las etapas que restaba. Después de una buena tertulia volvimos al refugio, aquí y ahora tenía que resolver un problema, mis ampollas. Había creado un 'engendro', no una ampolla. Hubo que pincharla 3 veces para conseguir reventarla. Hice un buen trabajo de costura, después el betadyne hizo el resto. Como turraba el acondenado, en lugar de gritar o decir algo, la pierna que en ese momento no estaba siendo atendida, se movía con un tic nerviosos que no podía pararle.
Al finalizar la cura aproveché para echarme la siesta. Una hora y pico después llegó gente al albergue y me planteé la posibilidad de seguir otros. Kms. más, si las fuerzas y alguno me acompañaba. No pasó mucho tiempo y 'Manu' dijo que si seguía y los de Villena también.
Ya había conseguido compañía y las fuerzas aunque escasas, estaba ahí.
A las 7 salimos por un camino de tierra, un regalo para los pies. No pasó un Km. y mi compañía ya me había sacado unos metros. No importaba, yo seguía a mi ritmo.
Al seguir el camino, no pasé por Castrillo de los Polvazares, hubiesen sido 2 ó 3 Kms. más. Fue una pena, pero debía esforzarme sin necesidad. No habían pasado una hora y ya estaba en Sta. Catalina de Somoza. Paramos en el bar y aquí decidieron los alicantinos que se quedaban a descansar, y Manu coana sus dudas tabién les acompañó en su decisión.
En eso apareció en el bar (Daniel) supe su nombre más tarde. Era el que compartía la litera de al lado en el refugio de Murias. El había salido más tarde del albergue y por lo que tenía pensado quería seguir. Justo lo que esperaba. No me apetecía parar cuando me encontraba tan animado. tomamos un bocata y un buen vaso de vino y seguir andando.
No fue difícil llegar hasta 'el Ganso' aquí también había refugio y no teníamos decidido que hacer. En el bar tomamos la cerveza y cuando nos dijeron lo que quedaba a Rabanal, nos miramos y la decisión fue fácil: Seguir.

Habíamos salido de Sta. Catalina a las 20:30 en esos días la luz todavía duraba hasta tarde, pero el caso es que pasaban las horas y lo máximo que veíamos eran unas casas en la distancia. Suponíamos que eran las de Rabanal, no había dudas, y quedaban a cierta distancia. Mientras la luz nos acompañaba comentábamos el paisaje, las flores y plantas que reconocíamos, incluso Daniel sacó alguna foto. Según decía, le encantaba ese paisaje del páramo, con árboles como las dehesas. Yo reconocía que el campo era bonito, pero no con la vehemencia con que él lo veía.
Como ya digo, la noche caía y ya teníamos que ir pensando en cambiar de tema porque el paisaje pasó a ser sombras, sin posibilidad de reconocer detalles o características del recorrido. Incluso, aún siendo el camino, la carretera teníamos dudas y nos fijábamos en las flechas del camino que casi ni se veían. Fue en este trayecto cuando pude poner en práctica toda mi dialéctica y mis conocimientos sobre cualquier tema. Daniel aunque suizo hablaba castellano con naturalidad y creo que también lo entendía con fluidez. Ante esta situación empezamos a hablar de lo normal, de donde habíamos salido para hacer el camino, cual era nuestro pueblo. Salió el tema obligado (Suiza) le comenté que había estado y conocía un poquito el país. Hablamos de los aspectos tópicos que cada foráneo recibe del país que esta visitando. Le hablé de la puntualidad, de los trenes, su exactitud, la organización del país. El comentaba que es España un país ruidoso, y que le gustaba (yo le dije que el calificativo de anarquía para esta tierra era el mas apropiado y creo que me entendió).
Tenía intención de quedarse unos meses aquí. Oímos en la noche un coche y eché mano de la linterna para que el conductor fuese capaz de localizarnos en la carretera. En ese ultimo trayecto debí utilizar la linterna media docena de veces. Estábamos en medio del campo, pero la circulación de los coches no por ello dejaba de interrumpirse.
A pesar de esos lapsus, la conversación siguió por otros caminos, le hablé de mi trabajo, él me dijo que era médico, pero no ejercía. El caso es que en este trayecto último fuimos los dos paso a paso, ni uno ni otro nos adelantábamos, la noche nos animaba a continuar juntos dándonos compañía. A lo lejos se oían vacas y algún perro pastor que ladraba como un loco. Llegamos a un cruce y era tan cerrada la noche que tuvimos que pegarnos al cartel para ver si tirábamos ala izquierda o a la derecha. Era a la izquierda.
No había casi ruidos, pero en más de una ocasión me pareció oír algo parecido a un coche que no fue tal y cierto resplandor cómo si a lo lejos viniese otro vehículo, pero nada. Era simplemente la novedad de encontrarse en un lugar desconocido, a una hora intempestiva, lo que me hacía suponer ciertas cosas.
Al final llegamos a un cruce, ya con el pueblo a la vista y decidimos coger el camino que ascendían, nos equivocamos, preguntamos a unos chicos y nos dijeron que el refugio que había a 100 mts. era el suyo, estaba completo. Nos indicaron otro más abajo y fue tres veces de lo mismo.
Sabíamos que aún había un tercer refugio eran las 11:00 y ya no nos quedaba otra posibilidad bajamos hasta la plaza y a una mujer mayor con toquilla negra le preguntamos. Nos señaló con la mano una puerta a lo lejos que tenía luz (podíamos tener suerte). Aligeramos el paso y cuando pasamos a la altura de la fuente una pareja se dirigió a nosotros.
- ¡Sois peregrinos!.
- Contestamos que sí,
- Un poco tarde, para llegar al albergue
Ya lo sabíamos, pero no se pudo hacer más para adelantar tiempo.
Era el hospitalero y nos dijo que pensaba cerrar ya. Le planteé que no habíamos probado bocado y ver si era posible que nos esperase 5 minutos mientras íbamos al bar a reponer fuerzas. A regañadientes conseguí convencerle y dándole las gracias salimos pitando a por la pitanza. En el bar la gente extrañada con la llegada de peregrinos a esas horas nos dejó un hueco en la barra, y pincho de tortilla, cervecita y atrangantarse. Cayó en un momento, había quedado en 5 minutos y a mí me gusta cumplir la palabra. Creo que no había pasado ese tiempo y ya estábamos de nuevo en la calle esperando ocupar una litera.
El hospitalero nos dijo que nada de ruidos ni ducha, eso a mí me parecía ridículo, puesto que yo solo pensaba en dormir.
Al entrar en el albergue nos cruzamos con una señora que le indicó al hospitalero otro local en el cual podíamos acomodarnos. Según dijo la mujer ahí no molestaríamos a nadie. Yo encantado, abrió una puerta por la cual se entraba a un comedor y de ahí a un dormitorio enorme con literas, pero vacías. Nos miramos Daniel y yo con cara de sorpresa y alegría. Todo eso para nosotros, sin el agobio del ruido para los demás durmientes luz para poder acomodarse.
Me tumbé en la cama y caí como un pajarito.

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Rabanal del Camino - Ponferrada

Dia 4/8/97

La noche había pasado casi, cuando no había salido todavía el sol tenía que ponerme en marcha. Dentro de unas horas Foncebadón y la Cruz de Ferro esperaban mi paso. Me levanté y la típica rutina mañanera acercase al aseo y recuperar la tranquilidad. Las presiones de la señora vejiga siempre consiguen lo que quieren.
Cuando dejé la carga sobrante me di cuenta que tenía que dormir, la etapa que se presentaba no podía asumirla con sólo 5 horas de sueño. Así fue, la almohada decía 'acércate...acércate' y yo lo hice, no tuvo que insistir mucho. Planchar la oreja es una de mis grandes aficiones.
Eso sí la 2† oportunidad no fue lo suficientemente larga para saciarme de cama, pero el caso es que hubo que levantarse a las 7:15.
Ahora era el momento del aseo, auténtico, despertarse del todo y no pensar lo que quedaba por delante, tenía 24 horas para ver que pasaba y no iba ser yo quien adelantara los acontecimientos.

Salimos del refugio y atendiendo las recomendaciones del hospitalero nos dirigimos al bar del pueblo. Acababan de abrir un buen café, tostada, yogur y un bocata para el camino.
Aquí aproveché para interrogar a la chica del bar, para saber cuanto nos podía costar llegar hasta la cruz de Ferro. Si esa dura la ascensión las posibles etapas en que podíamos dividirla. Ante sus comentarios me asusté un poco porque decía que si, que tenía que subir mucho y después de la 'Cruz' todavía quedaba ascensión.
Nos levantamos de la mesa, mochila al hombro y a continuar andando. Cuando todavía la pendiente no era muy importante aprovechó Daniel para continuar las prácticas de castellano de giros y de todo aquello que fuera cultura española.
Me preguntaba todo tipo de cosas, cuales eran los giros habituales en las conversaciones, por que este país era como era. Por que éramos tan ruidosos. Qué plantas eran las que había por el camino. Qué zona de España me gustaba más. Donde le aconsejaba que se quedase unos meses en España: norte, sur, mar o interior. Yo ante tal cantidad de preguntas no me sentía avasallado sino todo lo contrario. Me permitía opinar sobre todo tipo de cosas y de esa forma se pasaba el tiempo más rápidamente. Cuando se avistó el pueblo de Foncebadon, Daniel ya había cogido un paso más ligero que él mío y me llevaba unos metros de ventaja.
Atravesé el pueblo, prácticamente desierto, dos peregrinos almorzando, un albañil arreglando una casa, y un pastor con las vacas abrevando en la fuente del pueblo.
Era casi un pueblo fantasma, abandonado, pero con un perro cabrón que salió a mi espalda y me dio el susto del día. Era un pastor alemán o similar y ladraba como un descosido. La impresión de oír ese ladrido a un paso me dejó blanco, yo estaba algo cansado después del alto y ese chucho me acabó de matar. Se me puso la carne de gallina, pero al mismo tiempo puse una cara de cabreo tan impresentable, que aunque el chucho seguía ladrando, ya no tenía los mismos humos que al principio.
Salió su dueño - a buenas horas - y le dijo que me dejase en paz, pero no te creas que le hizo mucha gracia, porque él seguía en sus trece.
Crucé el pueblo y en unos mojones estaba Daniel ' el suizo ' almorzando, paré e hice lo mismo que él el había acabado y aprovechó mi llegada para seguir descansando.
En ese rato además de comer aproveché para hacerle preguntas sobre su país, de las montañas, a medida que me comentaba cosas yo añadía algún detalle que conocía de Suiza y en varias ocasiones dijo que para lo que había estado en Suiza lo conocía bastante bien. La conversación se alargaba y tuve que levantarme sino nos cantaba el cucú.
La ascensión continuaba y por fin la Cruz de Ferro, echamos la piedra en el montón. Daniel llevaba una bastante grande que la cogió en Foncebadón. Yo a la salida de Rabanal cogí la piedra. No era de mi pueblo, pero la deposité con el mismo cariño como si lo fuese. Nos hicimos la foto de rigor ante la 'Cruz', después subimos a verla de cerca.
Estaba toda rodeada de ' exvotos', fotos, carnets, dinero, recuerdos de todo tipo, conchas, flores, yo no sabía que dejar y coloqué en una rendija del palo mi carnet de la federación de montaña. Si lo hubiese sabido con anterioridad hubiese dejado otra cosa.
Aquí acabé el bocata y me cambié de camiseta, chorreaba. Coincidimos en la cruz con una familia de Sevilla que salió con nosotros desde Rabanal.
Esta parada no esa el fin de la ascensión, había que llanear un poco y llegaríamos a Manjarín otro poblado abandonado en la montaña. Aquí solo estaban el hospitalero y un acompañante, ocupando el calificativo medieval lo hago porque toda la imagen del local como sus titulares eran de esa época, tenían unos cuantos adelantos técnicos, como cafetera-termo-butano, pero todo el conjunto recordaba tiempos pasados. El hospitalero con unas barbas impresionantes, parecía un camaldulense, las literas, el cartel indicativo a Jerusalén 5000 Km. Roma- Todo recordaba antiguas peregrinaciones.
Sellé la credencial y cuando vio mi dirección comentó que conocía Miranda hablamos un ratillo y llegué hacer cola para sellar el carnet. Me dirigí a la cafetera y preparé un café con leche y empezamos otra conversación con los peregrinos que había almorzando. Hablamos de lo divino y lo humano y sobretodo de lo relacionado con el camino. El acompañante del hospitalero comentó que hace 2 días un señor pasó por ahí de vuelta de Santiago y con dirección a Roma y Jerusalén después. Había comentarios para todos los gustos. Le pregunté por lo que quedaba de camino y nos indicó una fuente y un camino paralelo a la carretera. Qué ilusión me hizo poder dejar a un lado el asfalto porque es criminal para un peregrino. Les hicimos caso y llegamos a la fuente. Bebí la cantimplora entera. Este trayecto como no estaba muy bien señalizado planteaba dudas, pero el paso de anteriores peregrinos - suponíamos - nos marcaba la salida. En muchos trozos el camino no era más que la pisada de una persona, la maleza prácticamente lo tapaba. Yo creo que mucha gente hacía el camino por la carretera en lugar de por esa pista. a mi me gusta puesto que por ese camino ibas protegido del sol a la sombra de los árboles.
Retomamos la carretera y al poco empezó ya el descenso. en algún tramo tan pronunciado que costaba más esfuerzo bajar que subir.
Vimos en la carretera un atajo para peatones y lo seguimos en 200 metros apareció un cartel anunciando la taberna de ' Pedro' en el Acebo. Daniel tenía propaganda de este local desde Logroño y a él nos dirigimos. El atajo no había acabado todavía, pero desde el alto en que estábamos pudimos ver el pueblo. Era una imagen perfecta, todos los tejados de pizarra negra y un fotógrafo suizo que me hizo posar para tener foto con peregrino. Tengo que llamarle par que mande esas fotos, no me acordaba ya de ellas.
Bajamos al pueblo y la pendiente había que descenderla con los pies atravesados si no querías destrozarte los dedos.
La calle Real del pueblo estaba salpicada de balcones de madera, fachadas de piedra y todos los detalles dignos de agradecer en un pueblo. Estaba muy bien conservado todo él.
Buscamos la taberna de Pedro, junto a la iglesia y a comer. Lentejas y picadillo era el menú. Estábamos dentro del mesón y solos, esto nos permitió hablar con el jefe y su cuñada de todo un poco. Pasamos casi dos horas dentro del comedor.
Comentamos si seguir camino o quedarnos en el refugio, yo me apunté a la siesta aunque perdiese la oportunidad del baño en Molinaseca.A Daniel parece que le convencía más seguir camino así que nos despedimos hasta Ponferrada. Subí al refugio y en un bar me encontré con Carmen y Carlos - los salmantinos - y comentaron que Carmen (Valladolid) y los demás de 'Murias' estaban comiendo. Entré a saludarles y en qué momento lo hice, se me abrió el cielo. Me cambiaban la mochila temporalmente por una bici. Yo bajaría en bici - sin pedalear - hasta Molinaseca y allí les esperábamos a los demás dándonos un baño.
Volví a preguntar dos veces - a Carlos (Granada) ¿Estás seguro de lo que dices? me dijo que sí. Ni corto ni perezoso le expliqué todos los misterios: dónde tenía las cosas en la mochila le dejé el sombrero y todo lo que había en ella. Esperé a que acabasen de comer e iniciamos los primeros contactos con la bici. Nada más montarme se soltó el freno, que suerte si hubiese sido en la bajada a lo mejor ni lo cuento. Se arregló la avería cambiamos las mochilas y foto con la máquina. Cinta al pelo ya a descender, me adelanté un poco y aunque iba despacio en los 9 Kms. de descenso no coincidí ni con Luisa ni Carmen. Estaba pletórico, el descenso fue disfrutar como un enano, la brisa en la cara, no hacer ningún esfuerzo, solo dejarse llevar. ¿Qué curvas? ¿Cuánto me hubiese costado descender eso andando?. Voy a bajar más despacio para que dure más. Al fondo en el valle la piscina fluvial y el pueblo nos esperaba. ¡Qué maravilla!
Juanjo esperaba a la entrada del pueblo ya los cinco minutos de llegar yo aparecieron Luisa y poco más tarde Carmen.
Todos charlando de lo mismo, - así tenía que ser todo el camino -. Buscamos la playa y siguiendo los gritos de los chavales la encontramos a la 1(tm).
Atravesamos el puente y buscamos un lugar donde cambiarnos dejamos las bicis y al agua. Carmen amablemente buscó unas cervezas para todos y los demás ¡ al agua patos!. Estaba fría, pero con el calor que llevábamos de los días anteriores fue un placer. Crucé la piscina varias veces, quería ejercitar los brazos, las piernas y habían hecho suficiente ejercicio desde que salieron de León. Me tumbé al sol y a esperar a Carlos y a Kepa. Los Sherpas de esta jornada. Aparecieron al cabo de 2 horas. Cambiamos los trastos y los caminantes seguimos la ruta, Carmen se quedó en Molinaseca en el refugio. Daniel y yo seguimos.
Eran 8 o 9 Kms. los que quedaban a Ponferrada eran bastante fáciles, pero cuando al poco vimos la ciudad nos pareció cerca, pero la vista a veces engaña y tuvimos que dar una vuelta para llegar directamente al refugio.
Daniel comentaba que estábamos en otro país porque esta tierra que atravesábamos ahora no era ni parecida al páramo. Verde, con viñedos muchos árboles, humedad. Le comenté que esa era la gran suerte de este país. Teníamos de todo, desde desierto a vergeles, era la mejor manera de decir que 'España es diferente'. A eso de las 8:30 llegamos al refugio, estaba a tope, pero nos buscarían un sitio. Nos sellaron la credencial, pidieron los datos y la hospitalera nos acompañó para acomodarnos (al principio esta mujer me pareció un poco seca, pero al poco pude comprobar cómo se desvivía por los peregrinos).
Subimos al 1er piso y allí colocó a un caminante, nosotros en vista de la situación comentamos si era posible dormir en la balconada, comentó que sí. Era una zona tranquila, sin tránsito de gente. Extendí la esterilla y preparé los bártulos para descalzarme y relajar un poco los pies. Intenté ducharme, pero en vista del desastre del albergue que había elegido decidí pasar y sólo me afeité. Paseando por el albergue pude darme cuenta de lo abandonado que estaba este local, desde mi esterilla y por las rendijas del suelo podía ver que pasaba abajo. Las maderas chirriaban, no se podía fumar, pues yo creo que ardería como una tea.
Todas estas pegas que se podían sacar al refugio quedaban en un segundo plano cuando se pude decir que fue el refugio que más me gustó de todo el recorrido. Había camaradería, la gente que abarrotaba todos los espacios hacía lo posible por molestar lo menos posible. Fue muy agradable. Un grupo de andaluces prepararon la cena, un gazpacho de primero y para después una buena cacerola de pasta, para poderla aderezar cada uno al gusto.
Coincidí con Luisa y Carlos en el albergue y nos ofrecieron sus literas, pero amablemente les dije que no. Según Daniel íbamos a dormir como 'reyes' en la balconada. Me daban cierto respeto las nubes que se veían sobre nosotros, yo esperaba tormenta de un momento a otro, pero me equivoqué afortunadamente.
Carlos, Daniel y yo fuimos a la plaza del Ayuntamiento a buscar a los ciclistas restantes. Después de un rato les vimos en una terraza y sin que se conociesen acercamos unas sillas y pedimos cerveza.
Mientras charlábamos yo pensaba para mis adentros que yo no podía seguir a ese ritmo las piernas las tenía machacadas literalmente y los pies eran una llaga. ¿Qué hacer?. Decidí que cuando llegase al albergue preguntaría por el centro de salud. Volvimos al refugio y ya eran las 10 pasadas. De camino Luisa y Carlos comentaban que como podía seguir andando, me volvieron a ofrecer su litera y yo les contesté lo mismo que antes. Ya he comentado antes, después de oír eso yo también pensaba lo mismo, ¡ no podía seguir !. Me daba miedo pensar en ir al Centro de Salud, seguramente me aconsejarían dejar unos días de descanso. No quería oír eso, pero sabía que era lo que debía hacer. Seguimos hasta el refugio y cuando los demás se habían repartido a sus literas yo me despisté y busque a la hospitalera. Le comenté lo que quería hacer y me dijo que por los síntomas eso no era sino el esfuerzo de alguien que no está acostumbrado y no era malo. Me dijo que era enfermera, eso me tranquilizó y los ánimos que me dio me abrieron un poco la luz. Un Voltaren cada 8 horas y como nuevo. Era lo que quería creer y con esa ilusión me fui a la ' cama ' esterilla.
Daniel ya se había acostado y empezaba a chasquear los dientes para que la gente se callase, había toque de silencio. Al poco rato las jefas del local hicieron lo propio por todo el local, dieron unas palmas y dijeron ' silencio '. Había que obedecer, el descanso era reparador y cuanto más largo mejor.
Fue en ese momento cuando conocí a Esther y Alberto, dos peregrinos con los que coincidí en el camino en varias ocasiones. Salieron al balcón a fumar un cigarrillo y mientras aprovecharon para darle a la sin hueso un buen rato. A mí no me molestaban, pero a Daniel sí y tuve que oírle unos cuantos juramentos.
Fue esta una de las formas que tuvo para conocer como son los españoles ' anárquicos ', cada uno a su aire.
Nota - la enfermera-hospitalera se llamaba Pilar - Gracias Pilar.

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Ponferrada - Vega de Valcarce

dia 5/8/97

Por suerte la tormenta que se presagiaba la noche anterior sólo fue una falsa alarma. Eran las 6:00 de la mañana y estábamos secos ( no había llovido ) y la noche en la balconada del refugio había sido dura ( una esterilla por colchón ), pero placentera. Buena temperatura y un lugar distinto para dormir. Según Daniel un lugar para Reyes. Yo así me sentía. Había pasado una noche en la que levantarse como un ' Rey ' era maravillosa. La noche anterior fue el momento en el que pensé que no podría hacer el camino.
Estar ahora como un ' rey ' no lo hubiese podido imaginar el día anterior, bueno unas horas antes.
La cosa es que ya, a las 6:00 me levanté. Otros habían madrugado más y habían ido movilizando a todos los demás. Recogí los trastos, no estaban muy lejos un balcón era el máximo espacio que tenía y además debía de compartirlo con Daniel.
Era hoy el último día que iba estar con el suizo. ' Daniel ' esta presentación la hago ahora porque la narración de este libro va al revés y con la despedida debo de hacer también la presentación. Os lo presento ahora porque viene al caso. Daniel, como buen suizo, necesita que las cosas tengan su orden y razón de ser así que no entendía la anarquía con la que nos movíamos en este país y mucho menos en este albergue. No comprendía que gente que se levantaba a las 5 1/2 y a las 6 1/2 todavía estuviese de charla con otros. Para él levantarse no suponía solo tener que empezar andar ( esto podía ser secundario ) lo que no se podía hacer era levantarse para estar rajando toda mañana. Intentaba con sus chasquidos que la gente se tranquilizase y a falta de más expectativas, que por lo menos hablasen bajo.
El misterio es que en vista del escrito él se ' amoldó ' a la situación y se levantó. No consiguió que los demás le hiciesen caso así que se alió con el enemigo.
Me lavé la cara, no había muchas mas posibilidades, el refugio - lo repetiré - fue el más cutre del camino, pero del que tengo mejor recuerdo. 2 duchas para unas 80 ó 100 personas. El suelo en algún sitio permitía ver lo que pasaba en el piso inferior. Las rendijas del suelo eran lo suficiente explícitas para conocer todo. Tantas quejas sobre el refugio, pero era el único en el camino que preparó un desayuno en regla para los peregrinos ( cada uno daba la voluntad ) tenían de todo ( leche, café, cola-cao, mermelada, margarina, zumo ). Algo que no volvería a ver en todo el camino. Después del desayuno Daniel reconocía esto mismo que digo ahora, sus quejas de la anarquía del país pasaron a 2† plano y reconoció que esto era lo mejor.
La panza recuperada y el ánimo también, ya sólo recordaba las malas nubes - mi baja forma - como algo lejano. Daniel me presentó a otros peregrinos que como el ' guiris ' eran también peregrinos, pero de algo más lejos. ' Daneses ' se llamaban: Erasmus y Cristina, matrimonio recién casado - viaje de novios por el camino de Santiago con posterior visita a Toledo - más tranquila. el era profesor de filología española en Aarhus - la segunda ciudad de Dinamarca, le extrañó que conociese la ciudad, aunque sólo fuese de nombre. el creo que disfrutaba el camino de verdad, hablaba ' muy bien ' ( no es un decir ) el castellano. Su mujer era la que no disfrutaba tanto creo que hubiese preferido otro viaje de novios.
Os podéis dar cuenta, me levanté a las 6 y hasta las 8:30 no había empezado andar. Para que Daniel se diese cuenta que se puede estar un buen rato sin hacer nada. Así se lo hice ver.
Volvimos a parar a desayunar en un bar de Ponferrada y ya desde ahí empezó otra nueva etapa. Atravesamos la ciudad y por desgracia no tenía un plano para llevarme a mi archivo así que seguimos las señales indicativas, pero sin saber donde estaba. Como a mí me gusta.
Sin perdernos, aunque con dudas, salimos de Ponferrada ( una ciudad bastante grande I. fue una salida con continuidad, empezamos por el casco antiguo, pasamos a nuevas urbanizaciones y más tarde a barrios de las empresas de la zona Endesa, etc. Pasabas de escaleras a grandes avenidas y más tarde zonas residenciales fue una despedida gradual. En este último tramo - residencial coincidimos con un señor que venía con su hija ( 14 años ) - yo hablaba de 17 años - desde Velez - Málaga - y habían empezado esa mañana. La noche anterior en el refugio este señor me llamó y yo me pregunté qué querría saber. La pregunta cuando la oí no me resultó rara. ¿Cómo podía andar así ?. Igual que fue evidente la pregunta, la respuesta podía ser también palmaria. Solo cuesta el primer Km. Es cierto que cuando me vio parecía cualquier cosa menos un peregrino, no se a que podía asemejar mi paso, pero creo que este hombre al preguntarme por qué andaba así fue capaz de comprenden que cuando algo se quiere se puede. Creo que esa noche pudo reflexionar sobre el camino y darse cuenta que lo podía hacer, de muchas maneras, y en muchos casos con las condiciones en contra. Espero que hayan completado el camino el padre y su hija.
Pasado un rato yo me adelanté y me despedí de esa pareja y un poco más tarde de Daniel . Suponía que ya no iba a volver a coincidir con él por el camino y nos despedimos de la forma más simple ' buen camino '.
Tenía intención de quedarse en Villafranca o en el Bierzo un par de días, para recuperar y disfrutar de una zona tan distinta a Castilla.
Estaba solo, pero aunque con pena, no tenía ahora a nadie al que esperar o del que preocuparme.
Empecé a andar como no recuerdo antes: adelanté a varios grupos de peregrinos, no sabía porqué llevaba ese paso. Andaba como nunca.
Tenía que llegar a Cacabelos, había quedado en ' Prada a tope ' con Carlos, Luisa y Kepa y Juanjo. Intentaría llegar, pero les dije que no me esperasen y así fue. Para cuando arribé ya había pasado. Era de suponer. Pero el caso es que yo necesitaba algo para el camino y fue aquí donde tuvieron el único detalle que puedo recordar con un peregrino. En ' Prada a tope ' llegué al ultimo trozo de empanada que quedaba. Fui a pagar y me comentaron que a los peregrinos no se les cobraba. Me sorprendieron y me quedé algo atontado. Hay gente que se preocupa de nosotros. cuando vuelva a Cacabelos no voy a dejar de pasar. Además el lugar está montado con un gusto que no es fácil de encontrar por aquí.
Recogí la mochila y crucé el pueblo. El camino ahora seguía la carretera y con el calor completaban la escena veraniega. Sudaba como un loco y por fin apareció una fuente junto a la carretera ' Pieros ' y hubo que parar, otros peregrinos siguieron, otros pararon estos fueron Silvia y Jordi. Volvería a verles en otras paradas del camino. Ellos siguieron con un paso más ligero y yo me quedé atrás. Como buen fondista tuve que darles alcance al cabo de una hora - porque habían parado - Seguí y vi por primera vez el nombre de ' Refugio Ave Fénix ' familia Jato tenía que ir a conocerlo solo quedaba 1 Km.
Llegué a eso de las 13:30 con todo el calorazo. Había literas, lavé la ropa y una ducha acabaron de saciarme. Mejor después de la comida y la siesta si que me sacié.
En este refugio coincidí con Carmen y Carlos de Salamanca que les conocí en Murios de Rechivalche. En la comida había gente de todos los sitios, un grupo de portugueses, varios alemanes, españoles de las cuatro puntas, familias y personas solitarias, pero en el grupo todos estábamos en la misma mesa corrida.
Con el fin de la tertulia era el momento de la siesta y sin haberme tumbado ya soñaba con ella. No sabía si sería siesta o llegaría a dormir hasta el día siguiente. Descansé, pero mi cabeza no podía dejar de pensar en lo que quedaba hasta Santiago y yo en la cama. No tuve que pensar, me levanté y para suerte de otro peregrino le dejé una cama libre. A las 6 de la tarde ya había mas de 15 personas en el suelo.
Al cruzar las calles del pueblo no podía suponer que tenía que bajar escaleras, y unas cuantas. si me había levantado era para andar, no tenía porqué pensar en unas escaleras, las bajé, y dejé el pueblo, la antigua carretera N-VI ahora vacía era muy bonita. La roca a la derecha y el tajo del río a la izquierda. Había que aprovechar ese trayecto porque los próximos Kms. eran algo que puedo considerar lo más peligroso del camino.
Había sólo un pequeño arcén para los peatones, en algún tramo una senda tras el quitamiedos. La Nacional VI y los camiones y vehículos invadiendo el arcén. Lo pasé mal, sabia que tenía que pasar lo hice con cierto miedo y con más preocupación que la que hubiese tenido hasta ese momento, en cualquier otra situación. Aproveché un desvío del camino, era más largo, pero dejaba la nacional a un lado. Crucé por Pereje, una aldea que después de tanto asfalto me parecía un descanso. Anduve como un Km. más al cruzar el pueblo, pero me pareció mas corto que la carretera.
En el próximo pueblo tengo la posibilidad de parar hay refugio y hostal ( Mabadelco ). Estoy cansado y no queda mucho. A la derecha de la carretera veo un cartel en el que dice que Vega está a 7 Km. Eso no me cuadra, pero no pueden mentir y claro que no mienten, pero es que en estos pueblos de la montaña una cosa es dónde esta la gasolinera ( dirección que indicaba ) y donde está el pueblo. Había una diferencia de 5 Km. para mi desgracia.
Después de lo dicho podeis suponer que no paré en Trabadelo, ni siquiera abandoné la carretera para atravesar el pueblo. Paré en la parada del autobús a beber algo de agua y continuar.
Al cabo de esos 7 Km. llegué al destino marcado en la señal, pero hasta Vega quedaban 5 Km. De todo esto me enteré en el Hostal referido en la señal. Paré porque las piernas ya no podían más, empezaban los tirones en el muslo derecho con fuerza y en el izquierdo empezaba el dolor. Pensé en quedarme en el hostal, pero había quedado con Luisa y Carlos ( los ciclistas ) y 10 minutos sentado recuperaban lo que quedaba de mí.
Hubo un momento en que empecé a reír porque me acababa de enterar del error de los 7 Km., en lugar de los 12 Km. reales.
Atravesé A Portela y a lo lejos vi a dos caminantes eran Kepa y Juanjo, dejaron a los granadinos en el albergue. Me pusieron en antecedentes de lo que quedaba, pero ya lo sabía. Como siempre se despidieron dando ánimos.
Dejé la Nacional y por una carretera más tranquila necesité echar mano de la linterna para indicar mi posición a los coches eran las 10 de la noche.
Ambasmentos ahí estaba, y antes me crucé con otros caminantes que iban en sentido contrario ( vecinos del pueblo ). Mi oído era lo que funcionaba bien y a la señora le oí decir ' Ahí va ese cojo. Ese no llega '.
Ahora puedo decir que se equivocó. Pero ya en el momento de cruzarme la di a entender que había oído su comentario, así que en vista de su error lo que hizo - creo que con su mejor voluntad - fue desearme un buen camino. Les pregunté por el refugio y me dijeron que 3 Km. Yo pidiendo perdón les dije que no paraba era lo más molesto para mí y lo entendieron.
Adiós- ' Buen camino '
Gracias.
A esas horas poca gente - yo y un ciclista que me adelantó - ' ya te queda poco, ánimo '. La fuerza que da el hecho de llevar la contraria a quien pone en duda tu capacidad - el peatón anterior - y el ánimo de este ciclista fueron fundamentales para seguir hasta el refugio. No me quedaba más opción en el camino no había otra cosa.
Vi la señal del pueblo, pero falsa alarma. Sólo indicaba la demarcación local no la ciudad. Quedaba un buen trecho, más adelante otro señor desde un bar volvió a indicarme el albergue y un buen grito de ánimo. Creo que era el ciclista anterior.
Cuando crucé el casco urbano un señor jubilado me indicó que el refugio estaba ahí al lado, pero que casi mejor pasase por el bar Charly donde tenían las llaves. Le di las gracias y continué
Una tienda abierta a las 10:30, esto es Jauja no lo pensé, 10 minutos más tarde para llegar al refugio no va a suponer nada y yo por lo menos podré tomar algo.
Entré y vi que la señora estaba cerrando, con los mejores modos la pedí que me atendiese y fue de lo más delicada. Me dio todas las facilidades y conversación durante un ratillo no quería entretenerla aún su cena.
La pregunté por la farmacia - dudaba que sin mi Voltaren aguantase el día siguiente. Dijo que me dirigiese al bar Charly y preguntase por la farmacéutica. Me despedí dando las gracias lo más afablemente posible y por si acaso había suerte cogí un décimo de lotería.
Fui al bar Charly ( debían decidir trasladar el ayuntamiento a ese local ) y al preguntar por la farmacéutica una chica del bar se dirigió a mí. ¿ Pero qué horas son estas ?. Era la hospitalera - estaba en el bar tomando algo. Me dijo que había camas. Después de acercarme a la farmacia, la abrieron para mí, me acompañó al refugio por el atajo.
Sello la credencial y cuando fui a pagar me dijo que tal como estaba y a esas horas no era plan. Me indicó el dormitorio, aseos, duchas y yo dejé la mochila y volví a flotar.
Se pasó el cansancio, una ducha, curar las heridas ( me dio Betadyne la hospitalera ) y a cenar.
Hablábamos bajito y no creo que molestásemos a nadie, pero el asunto es que salieron 6 u 8 personas al porche para charlar un rato antes de dormir. entre estos trasnochadores estaban Carlos y Luisa, no se creían que hubiese llegado
Bocata de jamón, batido, fruta, fue todo completo. Unos chicos de Sevilla se pusieron a cenar también en ese momento y repartimos lo que ellos tenían y lo poquito que había comprado.
A las 12 no hubo toque de queda, pero todos nos dimos cuenta que debíamos ir a la piltra. Mañana nos esperaba O'Cebreiro.

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Vega de Valcarce - Triacastela

Cebreiro...
Dia 6/8/97

El descanso fue perfecto llegué hecho un trapo al refugio y ahora aunque se lleva el cansancio dentro del cuerpo se consigue uno reponer con unas horitas de sueño.
Me levanté con cierta desgana ( algo natural en mí, pero cualquier día ) y preparé algo que ya era habitual: recoger el saco, la mochila y dejar muy a mí pesar la litera.
Hoy iba a ser el día en que subiese ' el cebreiro ' y ante tamaña hazaña, el día anterior tenía ya preparadas las vituallas antes de empezar a andar en lo que quedaba de camino.
Fue casi un desayuno ' inglés ' : zumo, fruta, leche, café, todo completo faltaron los huevos, pero en el albergue no había cocina y hubo que conformarse. Cualquier otro día eso me hubiese parecido una bendición.
Todos a medida que iban levantándose se agolpaban en la puerta, porque veían niebla y una humedad que hasta ahora no habíamos visto. Unos y otros nos teníamos que dar ánimos porque lo que es el amanecer no estaba para festejos.
Me hice una foto con Luisa y Carlos - por cierto tengo un careto de sueño que me caigo - yo ya me preparé para salir e iniciar el camino solo. Luisa con más suerte me adelantaría para dejar la bici y más adelante ya me cogería.
Así fue después de media hora me saludaban y pasaron ligeros con sus dos ruedas.
Me crucé con una señora que sería del pueblo. ( Berciana ), pero que parecía trasladada desde el pueblo más escondido de Galicia. Hablaba cerradísimo y algunas palabras no conseguí entendérselas. Llevaba un paraguas que en ese momento la protegía del orballo, pero que no descarto lo utilice cuando sale el sol. La pregunté por el tiempo que se presentaba y no fue capaz de decirme algo en lo que apoyarme.
- Podía dejar de llover, pero a lo mejor no.
El Cebreiro era duro, pero tampoco tal como le pintaban. Llegué a pensar que había encontrado a otro como yo, sabía encontrar ' peros ' a todo. Llegué a las Herrerías, ahí, estaba Luisa esperando. Intenté darles el mensaje de Juanjo y Kepa, pero Carlos ya había salido.
Hacia ahora el camino con Luisa y era muy agradable ir charlando, y descubrir que los que hasta ahora nos adelantaban ( en bici ) tenían que echar el pie a tierra y subir como los mortales: un pie detrás de otro.
Hablamos de muchas cosas y entre otras una de las buenas ideas que nos habíamos planteado todos los días al llegar a los refugios: hacían falta masajistas en los refugios. Luisa llegó a la conclusión que con su preparación y el ánimo que había encontrado en el camino intentaría otro año hacer de masajista en los diferentes albergues, durante los meses de verano. Llegué a la conclusión que era otra forma de vacaciones, y siempre que se eche una mano al prójimo, bienvenido sea.
La cuesta se hacía más pronunciada y en la misma proporción mi cansancio me paraba. Llegué a la conclusión que ya se había planteado desde el primer día - cada uno a su paso -. Luisa , como buena deportista, en poco tiempo me sacó una ventaja apreciable, pero no había problema, pararía en O'Cebreiro.
¡ Qué cuestas !, las primeras rampas te dejaban blanco, en las siguientes - tanto o más pronunciadas ya no había capacidad para el asombro. Sólo tenía que seguir. Tuve que parar en un par de ocasiones, yo quería subir, pero ante alguna piedra u obstáculo en el camino los pies decían que ¡ no ! y yo no podía sino esperar.
En uno de estos altos me adelantó una chica que venía desde hace un rato por detrás y al llegar a mi altura, decidieron los pies o mi cabeza que podía seguir ( había posibilidad de tener compañía un poco ). Como yo no hablo me presenté con la típica frase ' buen camino ', me contestó y pude comprobar que estaba ante una ' guiri '. No fue difícil de reconocer hablaba muy bien castellano y el acento a falta de confirmación - era italiana -. Así es era natural de Pordenone - Venetia - Julia. El conocimiento de estos datos me llevó algo de tiempo porque siempre que se habla de Italia hay que acudir a los tópicos y así lo hice. De donde eres - Cerca de Venecia. Lo conoces. Sí he estado en una ocasión - ¿ Qué otros sitios conoces ? Roma - Florencia, etc.... ¿ Cual es el nombre de tu ciudad, Udine ? - No, pero cerca, Pordenone, - En la Venetia - Julia - ¿ Lo conoces ?. Esta última pregunta con gran admiración. Confeso que le resultó extraño el hecho que un chico español conociese ciertos nombres y lugares de su país.
Este arranque en conocimientos geográficos sirvió para animar un poco la conversación, porque aunque fuesen preguntas simples, había en ella un interés que hasta ese momento no había sido capaz de descubrir en ella.
No le conté mi vida, pero hablé de tal cantidad de cosas que la fuerza se me fue por la boca y tuve que dejar marcharla. Mi paso no podía seguir el suyo. Para alegría mía al cabo de un rato pasó un chico que la iba buscando, no estaba sola, pero yo sí que lo volvía estar temporalmente.
Aunque el camino seguía ascendiendo llegamos a un tramo en el que había cierta amplitud en las vistas y unas pendientes menos pronunciadas. Este espacio abierto tuvo dos malas consecuencias corría un aire bastante fuerte ( no era malo ), pero nos dejaba ver unas nubes muy feas.
No hubo que esperar mucho, estábamos ya cerca del límite de Galicia y los encargados de turismo de la ciudad decidieron preparar un recibimiento a la altura de las circunstancias.
Galicia ' tierra única ' en lluvias añadiría yo. Empezó a llover no con gran intensidad, pero sí con un aire que hacía que cualquier intento de usar el poncho de agua en su sitio fuese inútil.
Coincidí con una familia de Madrid - matrimonio - y 5 hijos - que me ayudaron a colocarme el poncho, hasta ese momento no le había utilizado. Era impresionante ver como una matrimonio había movilizado a sus hijos entre 17 y 10 años para hacer el camino. Yo no corría con mi paso, pero era digno de ver como el padre tenía que ir con los más pequeños animándoles y la madre esperando para echar un cable al jefe del clan.
Las hijas mayores eran los que sin encontrarse muy cómodas se daban cuenta de lo bien que lo pasaban en sus vacaciones. Aún recordando sus días de verano y playa de otros años.
Sin darnos cuenta apareció el mojón de Galicia. Había que hacerse una foto, ya sólo faltaban 154 Km. para Santiago.
Llegué al albergue, pedí una cerveza, agua ya tenía en la cantimplora y con la que había caído por el camino no necesitaba más. Busqué un sitio para colocar el chubasquero, había un montón de ellos extendidos en todo el local. No estaban Carlos ni Luisa, pero sí que almorzaban Alberto y Esther. Pedí el sello, me lo puse yo mismo en la credencial y disfruté de la bebida como un niño con un chupete. Como no localizaba a Carlos y cía. decidí acercarme a otra fonda que había más adelante.
Los encontré, estaban sentados a la mesa y rodeaban una botella de Ribeiro vacía. Más gritos y un hueco que me hicieron a la mesa, acabaron por relajarme.
Cambio de camiseta - chorreaba de sudor y un buen vaso de vino. Yo era otro. Pedimos unas tapas de lacón, queso, empanada, vamos no faltó nada, fueron 2 horas de lo más entretenido, entraba y salía gente del bar, pero nosotros habíamos plantado los reales y no nos movíamos.
Cuando ya dieron las 14:00 decidí que yo, que iba andando, junto con Silvia y Jordi debíamos seguir ya. De Luisa y Carlos había que despedirse, puesto que con sus dos ruedas avanzarían rápido y no podríamos cogerles. ( Teníamos sus direcciones ). Nos deseamos ' buen camino ' y hasta Santiago.
Quedé con Silvia en el cruce de la salida del pueblo, pero con la niebla no les vi y después de esperar un rato, decidí continuar.
El tiempo a medida que bajaba el puesto mejoraba y al cabo de un rato dejó de llover y salió el sol. ¡ Qué bonito era Galicia !. Todo verde, desde las alturas, daba gloria y más cuando media hora antes no veías tres en un burro y llovía con ganas.
Este trayecto aunque lo empecé solo, no duró apenas un Km., cuando me adelantó un señor empezamos hablar le ví que no era peregrino sino un hombre que buscaba trabajo ( me comentó ). Llevaba unas alpargatas que me daba dolor sólo pensar como podía andar así, calado, sin suela en la planta. ¡ Y yo me quejaba !.
El asunto es que hablamos durante casi una hora y la interrupción no fue culpa nuestra sino del tiempo. Volvió a llover, había que volver a utilizar el chubasquero y como el señor no tenía, buscó un refugio en los arbustos. Yo continué porque lo peor que podía hacer era parar en pleno ascenso.
Llegué al Alto del Poyo, había un bar y una caña me esperaba bien fresquita. Descansé un rato y seguido entró el señor en el bar, le invité a un vino, y volvimos a seguir andando juntos, pero cada uno a su paso. Otro chaparrón y pasó lo anterior, yo que iba por detrás, pero a cubierto volví a coger al caminante y volvimos a charlar. El caso, qué después de 3 situaciones iguales tuve que parar yo también a la entrada de Fonfría en una tejavana abandonada, caía agua como nunca, ante esto un chubasquero sólo daba risa. Escampó momentáneamente y seguimos, pero a 500 metros el cielo se abrió y ahora más que la lluvia lo que nos detenía eran los ríos de ' agua ' que caían por la callejuela del pueblo. Es una errata eso de ' agua ', era una cloaca al aire libre, tal cantidad de precipitación lo que hacía era arrastrar toda la caca de la vaca acumulada en las calles. Un señor aprovechó el agua que caía para que se llevase la porquería amontonada junto a la puerta del establo.
Todo esto lo puedo explicar con esta claridad porque al ver lo que se nos venía encima había que buscar cobijo y una señora apareció por una puerta y la pedimos albergue. NO tuvo problemas, flanqueamos la puerta y ahora ya se veía todo mucho mejor. Estuvimos 10 minutos mirando por la ventana y en eso pasaron dos peregrinos eran Silvia y Jordi, les llamé y se protegieron de la lluvia.
Todo esto lo vi desde el portal de la casa, que nos acogió, pero como en toda casa de pueblo había que buscar una utilidad a ese espacio y ahí tenía esta familia su pequeño establo.
El señor estaba retirando en ese momento a un ternero de la ubre. Por lo que comentaba ya no tenía leche.
Estuvimos en el establo unos 20 minutos y como no dejaba de llover cuando calmó algo, continuamos. Salimos los 4 a la vez aunque al poco ya habíamos formado un reguero - 2 - 1 - 1. Yo el último. Hasta el refugio de Triacastela ya no volví a verles. Lo que sí volvió a salir a recibirnos fueron 2 chaparrones gordos y en ese caso sí que no hubo - ni tejavana, ni establo, sólo el poncho. Cada vez que veía como volvía a caer agua sólo me entraba una mueca de sonrisa, porque era la mejor forma de enfrentarlo.
En este momento ya veía Triacastela en el fondo del valle y lejos, pero consolaba la idea del descanso. Bajabas y según te acercabas a tu meta desde Filloval el camino tenía algo de especial, mágico. Parecía colocado por un grupo de atrezzo y decoradores, encontrabas que los árboles, muros, sombras, todo tenía un plan y una misión. No podía estar de otra manera era 'ideal'. Después de quedarme un rato pensando ( sin dejar de andar) me di cuenta que por donde yo pasaba habían transitado miles de peregrinos. Ese camino no estaba preparado ni por la Xunta ni por el MOPU. En un instante pensé que algún árbol podía desplomarse sobre el camino. Su tallo nacía de la tierra a 3 metros de altura y sus raíces estaban el aire. Ese camino lo habían hecho los hombres con su paso durante cientos de años. En las aldeas las vacas seguían dejando los recuerdos tan olorosos y tan resbaladizos como lo habían hecho en otros cientos de años.
Así paseando entre la historia llegué al Albergue que por cierto está a la entrada del pueblo. Vi mucha gente a la puerta y comprendí la situación. Está a tope. Para confirmarlo pregunté a unos chicos a la entrada, lo confirmaron. los hostales a tope y Samos demasiado lejos.
Había que intentarlo 2 metros me bastaban, busqué al hospitalero y me dijo que de acuerdo, pero que buscase yo el sitio que prefiriese. Me selló la credencial y fue ahí cuando aparecieron Silvia y Jordi y me indicaron lo mejor que habían visto.
Un pasillo un poco ancho con las puertas de las cabinas y aseos enfrente. Con todo lo triste que pudiese parecer, a mi cuerpo le pareció Jauja.
Hora del aseo, colada y sanitaria. Llegué a las 8:30, en una hora había hecho todo eso y con enfermera para las ampollas - qué lujo - Muchas gracias, Silvia.
A las 9:30 intenté planear el día siguiente, pero con el cansancio que tenía y oír llover incesantemente por la ventana acabaron por doblegarme y a planchar la oreja.
Hasta bien entrada la noche y en las 1(tm) horas de la madrugada, las bisagras batientes de las cabinas consiguieron ser un arrullo chirriante para mis oídos y el de los que conmigo intentaban dormir en el pasillo.

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Triacastela - Portomarin

a Portomarin de los templarios...
dia 7/8/97
41 Km.

La primera madrugada en Galicia y como en el Cebreiro nos recibe lloviendo. No daban ganas el levantarse aún en el pasillo y en el suelo como había dormido. Cuando oí que llovía, se me cayó el alma. El camino era difícil, cansado, agotador y que encima viniese la lluvia a enriquecer tamaña experiencia, era fuerte.
Me di la vuelta varias veces antes de levantarme, pero comprendí que la espera no supondría ningún cambio en la actitud del tiempo ( no pararía de llover por mi vagancia ), ni la gente dejaría de pasar al lado de mí para dejarme dormir.
Lo inevitable llegó, me levanté, recogida rápida de todo lo necesario, arreglo de heridas, mochila en revista, y botas en los pies. Ya la disposición para ponerse andar era distinta a los 5 primeros minutos después de levantarse.
Hoy, no se si debido al esfuerzo del día anterior o a una gracia divina, en el primer bar pude desayunar. Se me antojaba que el día se presentaba mejor que con los primeras luces.
Ya había andado un rato y no había sido necesario el chubasquero, siempre a mano, pero sin necesidad de usarlo ( esperaba ).
A medida que pasaba la mañana el tiempo mejoraba y se puede decir que fue un buen día. La salida de Triacastela fue dura, hubo que subir varias pendientes pronunciadas por caminos encantadores, llenos de sombra y con unos prados y arboledas que le daban un carácter distinto al camino desde que entramos en Galicia. En esas cuestas sudaba como en el Cebreiro, eran más cortos, pero con algunas pendientes que me dejaban clavado y no hacía ni una hora que me había levantado.
Coincidí con Esther y Alberto, que con su paso decidido me adelantaron, pero siempre dando ánimos al que se quedaba detrás. Es una costumbre en el camino. Ellos al poco pararon en una fuente, yo decidí que lo mejor era continuar si paraba, volvería a costarme mucho coger la marcha.
Prácticamente todo el camino discurría en esta etapa por caminos y sendas, solo en pequeños tramos paseábamos por carreteras asfaltadas. Hecho que se agradecía. En estos días he llegado a diferenciar algo que hasta ahora me parecía inapreciable. Donde esté un buen camino que se quite todo el asfalto.
Volvieron a adelantarme la pareja, pero esta vez tampoco duró mucho porque en Lousada los ví detenidos en otra parada técnica. Tenía que repostar y qué mejor a las 10:00 de la mañana que un orujo gallego. Yo que intento aprender rápido, decidí que la lección desde ese momento pasaba a formar parte de la práctica diaria y así lo he hecho todos los días.
No había pasado el orujo todavía y continué el camino, Alberto y Cia. me seguirían, pero un poco más atrás, lo justo para llegar a un punto en el que hube de echar mano a la máquina de fotos y para esto qué mejor que unos peregrinos que me seguían.
Localicé un buen punto con luz y el camino con su sombra daban a la fotografía algo distinto a otras fotografías. Había luz y sombra y se podía recoger en esa instantánea algo que hasta entonces no había podido ver: los caminos de Santiago en Galicia.
En ciertos lugares no tienen gran diferencia con cualquier otro sitio, pero en algún punto son especiales y te hacen ver que el camino tiene siglos y que por ahí ha pasado gente durante cientos de años.
Después de la foto y como muestra de gratitud les saqué una foto, que se la mandaré en cuanto haga las copias.
Aquí ya volvieron a adelantarme por última vez en el día. Volveríamos a coincidir en ( Portomarin, sin saberlo y en Arca, gracias a un encontronazo, nos vimos ).
El camino ya en bajada resultaba cómodo y Sarría a lo lejos se veía posible. A mediodía llegué a Sarria, dejé mensaje en el contestador a Raquel, pasé por el cajero y la farmacia. Como ya había cubierto las necesidades decidí que ya sólo me quedaba comer. Busqué un bar y repuse fuerzas, lentamente gracias a la parsimonia con que me atendieron en la cafetería para ponerme unas tapas. Fue de agradecer esa lentitud si hubiese sido a mi estilo ( deprisa ) no se sí hubiese aguantado.
A las 13:15 salía a Ferreiros - era mi 1(tm) parada - si pudiese seguiría a Portomarín. Nunca en los 10 días dije cual era el final de la jornada. Lo decidían mis cachabas. Aunque era el mediodía el sol en Galicia se hacía soportable porque casi siempre había una sombra que protegía de su justicia. El sombrero desde el Cebreiro pasó a ser un motivo decorativo más de la mochila, prácticamente ya ni lo usé.
Pasé por el refugio de Barbadelo y allí coincidí con mi enfermera de Triacastela - Silvia- . Cuando me vieron se quedaron sorprendidos y me dijeron si seguía. Yo les respondí que si y con cierta admiración me desearon ' buen camino'. Yo correspondí al saludo.
En este tramo coincidí con unos alemanes ' Bávaros ' y con una pareja de gallegos. En el caso de los gallegos, como es de suponer, la charla fue más larga y más fluida y como ellos acababan de iniciar el camino en Sarria, me hicieron todo tipo de preguntas, y como, no las referidas a mis pies. Se notaba cual era mi estado. ( Eran de Santiago ). Como ya he dicho eran gallegos, pero se asustaban de la lluvia como el que más, cayeron cuatro gotas y decidieron guarecerse. Creo que no hicieron bien porque de lo que se pudo divisar más adelante, la tormenta nos venía siguiendo.
Al poco rato volvió a llover con un poco de insistencia, pero los árboles del camino evitaban que yo echase mano al chubasquero. Además todo el camino eran pequeñas aldeas en las que no resultaba difícil buscar cobijo.
Ferreiros - siesta - estaba a la vista. ¿ Dónde estaría aquí el albergue ?. Por supuesto a la salida faltaba sólo un Km. y aquí ya el cielo digo que no aguantaba más y se abrió. Caía agua con ganas y aunque por poco tiempo, 5 minutos, fue necesario encasquetarse el chubasquero.
Llegue al refugio y seguía cayendo agua, decidí que era mi lugar de descanso, pero no había cama. Tomé un bocata y curé las heridas. Ya pensaría qué hacer. Como no dejaba de llover me puse incluso a lavar la ropa. Pero ya se sabe un culo inquieto como el mío no estaba preparado para aguantar 12 horas en el mismo sitio. Salió algo de sol y ya no había miedo. Voy hasta Portomarín.
El hospitalero no consiguió despejar la duda que le planteé: ¿ llovería después o no ?. Como buen gallego dijo que posiblemente no, pero que no se podía saber. Lo dejó en mi mano. Yo lo había decidido.
En el bar del refugio fue donde conocí a Juan, Pablo y Luis, me vieron y me desearon buen camino. Un Km. después me adelantaban con sus bicis y como ya os he dicho me pillaron en el peor momento del calentamiento andando fatal.
Me dijeron que intentarían reservarme camas, que un peregrino a pie llegaría tarde, ese detalle me abrió el cielo, y dejé de pensar lo bien que vivían los ciclistas, había tipos 'legales' entre ellos. Les dí las gracias lo mejor que supe y oí a los lejos un comentario que se repetiría varias veces por el camino,
- Le has visto como va ?-.
De Ferreiros a Portomarin el camino era en su mayor parte descenso y lo pude comprobar. Tuvo de bueno esta etapa que al poco de salir de Ferreiros ya se veía Portomarin, abajo en el valle suponía que el viaje lo podría soportar sin mayores problemas.
El ánimo de los chavales, el fin de etapa a la vista y las ganas me hicieron recorrer este tramo mucho más ligero de lo que en principio había pensado. El camino no seguía apenas pistas asfaltadas ( como se agradece ) y una bajada suave eran el 'sumun '. Pasé por Villachá y vi a una señora que me dejó alucinado qué pena no llevar la cámara de fotos a mano ( no sé si hubiese sido capaz de pedirla permiso para fotografiarla ). Llevaba sobre la cabeza un montón de plantones de berza o repollo sobre su cabeza y hacía los lados, lo menos levantaba medio metro. Hubiese sido una foto de premio.
Pero mi premio era otro y estaba a la vista. Lo disfrutaba sin haberlo conseguido cuando de pronto me doy cuenta que hay un descenso en picado hasta el pueblo y sobre carretera de asfalto. Mi gozo en un pozo. Tuve que bajar el ritmo. Los pasos se convirtieron en pasitos, me molestaban las ampollas, tiraban los tendones del muslo, parecía imposible que algo tan fácil como descender pudiese costar tanto.
Bajé y al atravesar el pantano empecé a pensar en el descanso y por asociación en el refugio. Junto al puente había algo parecido a un albergue, se veían mochilas en las ventanas, ropa tendida y gente charlando. Pensaba hoy voy a tener suerte, el albergue está ahí, cerca. Llegué al albergue, pero no era para peregrinos sino para jóvenes en colonias de la Xunta.
El desánimo llegó, pero la información que un ' poco más adelante ' estaba el albergue me alegró, aunque eso sí muy lejos. No era si estaba en lo más alto del pueblo. Otra cuesta y volver a preguntar - ' junto a la iglesia '.
No se porqué me preocupaba si al final siempre llegaba, pero hoy había sorpresa. Estaba completo no había posibilidad de sitio ni en el suelo. Pero la solución estaba cerca en el polideportivo lo habían habilitado para dormir.
Unos chicos que iban para allí me acompañaron. Estaba también cerca. Junto a la iglesia ( literalmente ).
Entré en la cama comunal ( así llamaban a la pista ) y por todos los lados había mochilas, esterillas y sacos de dormir. No había más que una docena de colchones a los que yo no llegué.
Me dirigieron a una señora ' la hospitalera ' para ordenarme un poco las ideas, la mujer con cierto pudor me dijo que si quería ducharme debía de abonar 100 pts. Yo con todo el desparpajo que me daba haber estado en varios refugios respondí que era un regalo poder dormir en el suelo y los veinte duros un favor que me hacían. No fui espléndido ni nada por el estilo, pero la actitud de la señora y su forma de actuar me incitaron a darla el doble.
Cuando llegué coincidí en la cama comunal con Juan y Cía. Ellos también dormían en el suelo y basta el detalle que habían tenido me quedé con ellos. Comentaron que iban a acercarse a una tienda y les pedí por favor si podían traerme algún zumo de frutas. Amablemente me lo confirmaron y yo más feliz que el punteras me dirigí a las duchas para disfrutar de lo mejor del día.
Una ducha caliente, tranquila, sin prisa, sin gente, para mí solo. Estas cosas después de estos esfuerzos es cuando de veras se disfrutan.
Salía como un chaval y en la pista me esperaban las vituallas junto a sus amables portadores. Volvía a darles las gracias y sin ceremonias en un par de tragos me bebí litro y medio de batido, ofrecí a los comensales, pero parece que tenían otros planes, que me plantearon.
Querían ir a cenar y me ofrecían acompañarlos. Con litro y medio de batido recién bebido no tuve que pensarlo. ' Os acompaño - dadme 5 minutos '. Con las prisas tardé 10, pero ya se sabe que a estas alturas uno no tiene los reflejos, ni las capacidades del 1er día. Buscamos un restaurante y a zampar.
El menú: caldo gallego, ternera estofada, y flan. Acompañada de 2 botellitas de Ribeiro.
La charla muy amigable y a disfrutar de la cena.
Cuando salíamos de cenar un grupo de peregrinos cantaba canciones de la tuna a las chicas que estaban sentadas en las escaleras de la iglesia. La gente estaba contenta se les oía que Santiago estaba ahí y querían celebrarlo, pero eran las 11:15 y a las 11:30 cerraban el ' poli '. Poco a poco la gente fue entrando en el recinto y a las palmadas de la hospitalera la gente guardó un poco de silencio. Al cabo de un rato y con los peregrinos intentando dormir sonó un teléfono móvil y la carcajada fue general.
Fue después cuando empezaron los ronquidos de Juan y Cía.
Felices sueños.
Y a solo 89 Kms. a Santiago ...

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Portomarín - Mellide

a por el pulpo en Melide...
dia 8/8/97

Otro día que había que madrugar. Aunque la noche anterior había cenado con Juan, Pablo, Luis, hoy me tocaba andar solo, ellos iban en bici y no necesitaban levantarse pronto.
Aunque yo había madrugado, empecé a andar a las 7:00, otros grupos que dormían en el pabellón de deportes habían empezado la andanza hacia las 5.15 de la mañana.
La noche no había ido mal, el mayor problema fue que la cena fue algo pesada y retrasó un poco el sueño, pero otro problema fueron los ronquidos de alguno de los 150 peregrinos que había en el pabellón. Uno de ellos era Juan. No retumbaba, pero si que era fuerte.
A las 7:00, como era de suponer, todo estaba cerrado hasta la gasolinera, había que esperar para desayunar. Empecé el camino, al cabo de un par de Kms. el bajo vientre inició la fiesta y yo me vi en la necesidad de parar para plantar un pino. Era una hora temprana y la carretera estaba muy tranquila, busqué un lugar más discreto e hice algo que recordaba de las 1† maniobras en la mili en enero de 1993. Había pasado mucho tiempo y la situación también era incómoda, pero después del descanso de una buena plantación todo se da por bien empleado.
Andaba más ligero y se podía disfrutar del paisaje como no lo había hecho los Kms. anteriores.
Al poco rato ya me crucé con otros peregrinos, ya no estaba tan solo. Seguí andando y a la entrada de las Ventas de Narón vi que Alberto y Esther me habían adelantado anteriormente pararon a tomar un refrigerio. No había desayunado y era hora de entrar en calor. - Por favor, un orujito, - después de esto hubo otro grupo que estaba también almorzando que pidió lo mismo.
Fue en este momento cuando conocí al señor que me invitó en Arzua a la cervecita.
Por el camino intenté localizar a Jesús por teléfono para ver que habían decidido, si iban a Santiago el fin de semana. Fue difícil hasta la noche no le localicé. suponía que no les sería posible desplazarse. Fue una pena.
La cosa es que el camino seguía y quedaban 80 Km. para Santiago, algo más cerca Palas de Rey, posible fin de etapa porque yo ese día estaba muy cansado. Estaba a cada Km. mirando lo que faltaba, sudaba como nunca y parecía que nunca llegaba Palas. Cuando ya estabas a las puertas del pueblo aparecía el típico paisano al que preguntabas si faltaba mucho y como era normal, te contestaban igual:
- Está ahí al lado, 5 minutos, 500 metros.
Todas las medidas que para un mortal eran normales a mí me parecían inmensas, no llegabas y a medida que pasaban los días era peor.
Llegué a Palas, busqué el refugio y como tocaba esperar 2 horas y media decidí que lo mío era descansar, un buen bocata en la terraza del bar y continuar el camino aunque sabía que me costaría.
En el bar coincidí con unos señores de Bilbao y otro de Granada que pensaron lo mismo después de colocar su mochila en la cola del albergué: - 1† un bocata y después la siesta. Al abrir el refugio, se quedaron sorprendidos cuando les dije que yo continuaba, hacía mucho calor, pero en caso de desfallecimiento otro albergue estaba a 8 km. Hasta ahí podría llegar.
Cuando inicié el camino por la tarde eran las 15:30 estaba cansado aunque recuperado después de la comida, pero seguía andando como un pato. El primer Km. ha sido siempre lo peor. Después de cada parada, parecía una cosa rara que se movía, no sin problemas ( fatiga ) llegué a Casanova. Una señora me vendió antes del refugio unas rosquillas que me sirvieron para recuperarme algo. El hecho de encontrar cama en el albergue me tranquilizó mucho. La siesta que tenía pensado no me la saltaba por nada, ni por nadie. Recogí el sello y charlé un rato con el hospitalero. Me preguntó de dónde venía y como en otros lugares me dijo que estaba andando demasiado, cuando se enteró que tenía intención de seguir por la tarde intentó desaconsejarlo, pero como siempre acabo haciendo lo que quiero le atendí aunque en mi fuero interno sabía que sólo una fuerza mayor me detendría en Casanova esa tarde.
Así fue: siesta a las 17:00 y a las 19:00 salida. Era algo tarde ya, pero antes no hubiese podido. Los demás que estaban en el albergue me decían que por qué no esperaba al día siguiente. Mi respuesta, la misma: Tengo que hacerlo. En un comentario a lo lejos del grupo de Casanova pude oír ' Pero le veis como va '. Sabía que se referían a mí. Era el único que se movía en ese momento.
En el camino pude comprobar que por 1ª vez cuando hablaron que no había apenas pendientes y era llanear, habían acertado.
Había entrado ya en La Coruña, y aunque no era Melide, estaba en la Terra de Melide y en un pequeño parque con estanque había un monolito en recuerdo a Miguel ¡ngel Blanco Garrido. Me emocionó ver que ahí, tan lejos de Ermua, había gente que se preocupaba de algo que le tocaba muy directamente. Me recordó este lazo, lo que había pasado en este país unos días atrás. ¿ Por qué no seremos así siempre ?. Seguiré estando orgulloso de todo lo que, por desgracia para Miguel ¡ngel, pasó en España en esos días.
El pueblo estaba ahí al lado, pero el fallo es que no era Melide, sino Furelos, así que trastocando mis planes que me las daba felices tenía que ir pensando que quedaban todavía varios Kms. al refugio.
Según un señor, había que pasar un puente, un pueblo pequeño en fiestas, con cohetes y todo - no eran para recibirme -. El refugio ya no pregunté, porque si me decían que estaba al final del pueblo, me derrumbaba.
Pasado un buen rato llegué a las afueras de Melide y en la primera tienda que encontré paré a comprar un batido. El señor me dijo dónde estaban, pero con el cansancio que tenía no fui capaz de verlo, fue él quien me lo dio. Sabía que era el pueblo del refugio, pero era grande y necesitaba que me orientasen lo mejor posible. El dueño salió a la puerta y muy amable me indicó. Le di las gracias, y sin sentarme ( no me hubiese levantado ) abrí el batido y empecé a beber con fruición. Era ansia además de sed lo que tenía.
Andaba, pero yo creo que era más bien un autómata, seguía las indicaciones del Señor y otras señales que marcaban el camino. A pesar de todo en los últimos 500 metros creo que pregunté a 4 ó 5 personas dónde estaba el refugio. No sabía si llegaba.
La visión del edificio me tranquilizó, era grande, nuevo, y con posibilidad de cama. en la segunda sala encontré una litera y ya se me pasó el cansancio mental. El físico tendría que esperar. Eran las 21:30.
Me dediqué a lavar la ropa, olía a demonios. No había conseguido secarla en todo el día. Tuve que atar unas cuerdas que llevaba, en la ventana para poder tender la ropa. Creo que es uno de los mayores problemas en los albergues, se puede lavar la ropa, pero no hay un sitio dónde tenderla para que se seque.
Me aseé, curé las ampollas y llamé a casa para decir dónde estaba. Cuando cogieron y se enteraron que ya estaba a 54 Kms. de Santiago se quedaron un poco extrañados. Cómo podía ser que en 2 días y medio hubiese hecho 100 km. Llamé también a Jesús y me confirmó que no podían acercarse a Santiago
Como ya eran las 11:00 había que retirarse a la cama, aunque sin cenar por falta de tiempo, uno se metía en la litera como el hombre más feliz del mundo.
En la camareta con otro chico, de Santiago, Susana de La Coruña y 4 francesas tuvimos un buen entretenimiento durante un largo rato. La gente cansada, pero tenía ganas de juerga.

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Mellide - Arca

Arca-pre-Santiago...
Dia 9/8/97
37 Km.

Despertar en Galicia después de un par de días por estas tierras, era recordar mi pueblo. Aquí el sol no le ves desde 1(tm) hora, hay que esperar que la niebla levante y eso mismo es lo que te hace ir desperezándose más lentamente. El día 9 fue como dijo, niebla y todo el pueblo cerrado a esas horas. Los peregrinos poco previsores no teníamos nada que llevarnos a la boca, así que no había más remedio que seguir hasta encontrar un bar, gasolinera o lo que fuese para reponer fuerzas. Hubo que esperar varios Km. hasta encontrar un bar - qué desayuno más rico - se habían hecho de rogar y cayó como una bendición.
En esos Kms. hasta el bar, el camino fue suave y con esa nieblilla que daba más carácter a un día por los caminos de Galicia. Iba con tranquilidad y como es normal, otros chicos me adelantaron. Después de un rato, y como yo necesito conversación les adelanté y me enteré que eran sudafricanos. Sabía cuando me adelantaron que eran ' guiris ', pero no me supuse que pudiesen llegar desde tan lejos. Habían empezado dese Moissac en Francia. ( ella estaba estudiando en Francia y sus amigos vinieron de vacaciones y se plantearon hacer el camino ). No hacían todo el camino a pie sino que iban alternando los medios de transporte.
Después de haber hablado con ellos y caminado un buen rato, llegamos a un riachuelo que cruzaba el camino. Todos pensamos lo mismo, había que sacarse una foto. Les dejé la máquina, e intentando parecer lo más natural posible, crucé el Rubicón ' Alea jacta est '. no es una frase hecha, es lo que pensaba cuando lo estaba atravesando, en la foto ( por cierto opino como todos en casa, es la foto más bonita ) se me ve con cara de felicidad por esto mismo, yo ya era capaz de reconocerme en Santiago. Era un símil lo que pensaba con lo que nos habían enseñado en historia y en las clases de latín. Este era un simple riachuelo y mi viaje era una simple peregrinación, pero con la suficiente entidad como para asemejarlo con las batallas de Julio Cesar.
Esa batalla del Rubicón la había superado, pero el problema eran todas las que tenía pendientes hasta llegar a Santiago. Algunas de estas ' batallas ' eran cuestas impresionantes que según los gallegos era sólo llanear. ¿Qué pensaran de las planicies de Castilla?. Ese era uno de los mayores problemas a la hora de entender las cosas para mí y para un gallego.
Ellos ver cuestas que no sean puertos les parece sencillito y es como llanear, pero yo no lo entiendo así y me cogía unos cabreos cada vez que veía una cuesta. Otra diferencia, los metros en Galicia se miden distinto que aquí. Yo creo que por cada Km. de allí, aquí harías 2 se hacían interminables y sobre todo los últimos días cuando cada vez tenías que restar menos parecían más difíciles de ir eliminándolos.
Después de un par de horas llegué a Ribadiso un albergue y un sitio muy acogedor, pero había que seguir porqué desde lejos pude darme cuenta que había una cuesta de las de quitarse el sombrero. La subí no sin antes haber dejado en el camino un millón de gotas de sudor que caían por mi nariz a modo de surtidor.
Arzua, ya estaba a la vista, buscaba un bar a la sombra y lo suficientemente cómodo para hacer en él la comida. Lo encontré y ahí dejé la mochila. Me quité la camiseta para ponerme una seca y chorreaba que daba gusto, unos chicos en el bar de enfrente se reían, no era para menos.
Cuando entré al bar para pedir una cerveza coincidía que estaba un señor manchego con el que había estado en un par de ocasiones y me invitó a la cerveza. El llevaba el coche de apoyo de su grupo y esperaba que llegasen para la hora de comer su cuadrilla.
En vista que el día era caluroso, coloqué en la mochila, la ropa húmeda a modo de tendedero y así conseguí que la ropa no oliese como era de esperar.
Tomé otra cerveza y un gran bocata de jamón ( 400 pts. ) y seguí camino. En el pueblo unos jóvenes me animaron a seguir ' Ya te queda poco ' dijeron. Era la 13:10 cuando volví andar y lo llevé bastante bien, pero pasadas 2 horas el calor ya se hacía sofocante e incluso ya empezó el tiempo a empeorar y caían gotillas. Todo fue una falsa alarma, a mi el agua no me pilló, pero debió de quedarse atrás.
Hacia las 4 decidí que había que relajarse antes que me diese una lipotimia, y qué mejor sitio que una buena sombra, fresca y una fuente al lado y todo esto en medio del pueblo. Se notó mucho ese descanso para poder llegar después hasta Arca ( Pechonzo ). Hubo un par de grupos que cuando vieron la decisión que yo había tomado ( sombra y descanso ) hicieron lo mismo. La pena es que esta parada no podía ser todo lo larga que deseábamos porque había Kms. por delante y uno no podía ser perezoso.
Volvemos a lo de siempre, andar, ahora lo hacía sólo, pero al cabo de una hora me encontré con Ana ( francesa ) y por cierto muy valiente, empezó en San Juan Pie de Puerto. Llevaba 31 días y lo estaba haciendo sola. ( Natural de Manosque Provenza ).
Paramos un momento en el camino. Ella iba a Sta. Irene el próximo albergue, yo intentaba seguir hasta Arca. Estuvimos hablando un buen rato en inglés y aparte de lo agradable que pudo ser la conversación, parecía que mi inglés era comprensible para Ana y a mí no me suponía gran esfuerzo la utilización de giros y frases que no utilizaba habitualmente. No había que quedarse frío y el refugio más lejano estaba a 3 Kms. Yo la acompañé hasta el suyo y nos despedimos con la frase de costumbre: ' buen camino '.
Solo quedaban 22 Kms. a Santiago y 2,5 al refugio: estaba a menos de 24 horas de la llegada. Gozaba. Estaba contento, paseaba por un camino y encontré una fusta del grupo de caballistas que me había encontrado en 3 ocasiones por el camino ( la dejé en el albergue para entregársela a sus dueños ). Y era tal la alegría que no se porqué me dio por cantar y la canción que escogí fue el Himno de Miranda. La cantaba con ganas y bien alto, no se a qué fue debido la elección de esta pieza, pero el asunto es que me gustó como me salió.
Las nubes me seguían y no se si debido a mi himno adelanté los acontecimientos porque en el último Km. lo único que pensaba es que aguantase sin llover hasta el refugio era mi obsesión, veía el edificio, pero no sabía si podía llegar a tiempo. Los rayos y truenos estaban encima y rompería a llover en cualquier momento.
Me encontré con la hospitalera y me dijo que había camas, qué gran alegría. La lluvia hacía acto de presencia y a falta de 200 m para el refugio, paré en una cafetería, sabía que no podía llegar sin mojarme. Así fue, entrar en el bar y el cielo se abrió, caía agua en cantidad. Me dije: ' ¡ qué suerte tienes muchacho ! '.
Mientras buscaba una camiseta para cambiarme me llamaron, y pensé quienes podrían ser, Alberto y Esther ' qué casualidad '. Tomamos algo y me dijeron si les acompañaba a cenar. Con lo ' raro ' que soy yo, no tuve que pensarlo mucho. Ya podía completar otra noche de tertulia.
Fue una cena romántica para 3 a la luz de las velas. La tormenta seguía fuera con ganas y consiguió que Unión Fenosa no pudiese descansar porque se saltaron plomos, transformadores y todos los aparatos que estuviesen conectados. De primeras pensamos en un apagón momentáneo. Al día siguiente a las 7 de la mañana todavía no había luz. La cena con el detalle de las velas estuvo muy bien, hablamos de todo un poco.
Creían que yo era un chaval de 26 añitos ( ilusos ), pero me hicieron feliz.
Cuando recogimos, fuera todavía seguía la tormenta, con agua y un aparato eléctrico de las mejores tormentas de agosto. En el albergue todo el mundo con linternas, ordenando todo y pronto a dormir. Al día siguiente llegaríamos ( si el tiempo no lo impedía ) a Santiago.

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Arca - Santiago

Santiago... al fin !
Dia 10/8/97
solo 17 Km.

Lo habíamos dejado en la llegada a Santiago el domingo. Por la mañana el madrugón fue importante a las 6:00 arriba, sin luz. La tormenta nocturna nos dejó a todo el pueblo sin luz desde las 9:00 de la noche hasta que yo me fui del albergue. Por el camino la tormenta eléctrica seguía en la Zona de Santiago, era contundente lo que se veía al frente. Solo en la carretera, lloviendo y con un horizonte de relámpagos y resplandores que hacían sobrecogedora la situación. A esas horas yo no veía a ningún peregrino, sólo algún coche que se cruzaba a mi paso.
Pero seguía avanzando y llegué a un punto en que la carretera se cruzaba con el camino y ya podía coger el paseo porque había más luz. Pero fue todo lo contrario andar 100 metros y empezó la oscuridad de nuevo. Eran las 8 de la mañana, un día de lluvia y cubierto el cielo totalmente. Este no era el motivo principal de la oscuridad sino que el camino ascendía por una pendiente y estaba completamente flanqueado por una vegetación que semejaba un túnel. Los laterales del camino ascendían en vertical y había como 3 ó 4 metros de altura del nivel del suelo que yo pisaba hasta iniciar el tallo de los árboles. Este camino sí que crees que se ha estado recorriendo durante cientos de años, es el propio paso del tiempo el que lo ha creado. Sitios como este de similares características se han repetido en otros puntos de la ruta. En uno de ellos ya llegué a pensar que los árboles o el propio terreno podían fallar y desprenderse sobre el camino.
La oscuridad de ese camino pasó a un 2† plano cuando tuve que seguir subiendo la pendiente, parecía pequeña, pero yo sudaba como nunca y para cargar un poco más la situación un trueno acabó por romper las nubes y descargar con fuerza una tormenta. No sabía si quedarme parado con el poncho de agua o seguir. Me mojé en 2 minutos como ningún otro día en el camino. Tuve suerte en 200 m. encontré una caseta que me protegió a mí y otros peregrinos que llegaron después.
La tormenta se calmó y nosotros pudimos seguir hasta un hostal en el que desayunar en Sampaio. Después de casi 3 horas andando, fue una bendición: un café con leche y un orujo.
Pero todavía quedaban 7 u 8 Km. y teníamos 2 horas para llegar a la Catedral. Metí la directa, pero mi motor no podía dar más. Para mi estado parecía que disputaba un gran premio, pero la cosa era llegar. Este interés por llegar evitaba pensar en otras cosas. Avanzaba como podía, pero como dice la canción una china en mi bota me detuvo un par de ocasiones el tiempo justo para no llegar puntual a la misa del peregrino.
La entrada en la Catedral fue desde mi punto de vista digna de consideración. Las escaleras las bajaba como no lo había hecho anteriormente, iba ligero y la gente, turistas principalmente se quedaban pegados al ver como iba andando y como subía las escaleras. Eran caras de duda y de admiración. Cuando les miraba yo les creía leer, ¿ por qué hacen esto ?, ¡ qué valor ! y cosas similares. Todo, te ensanchaba y hacía gozar con tu trabajo, anteriormente desde muchos coches te pitaban en señal de ánimo, un chico nos aplaudía cuando llegábamos a Santiago y por los pueblos siempre había alguien con palabras de ánimo. Era gratificante después de lo que estabas pasando.
Entramos en la Catedral ( con Juanjo, Elche ) y fuimos al Santo des Croques. Tres toques que no podían faltar para pedir lucidez en nuestros pensamientos. Oímos la misa y llegaron el grupo de Madrid, nos organizamos para abrazar el Santo y visitar la Catedral.
Era impresionante la cantidad de turistas y peregrinos que había. No es el sitio ideal para escuchar una misa, había muchísimo ruido, y por parte de cierta gente, una falta de respeto total para las celebraciones religiosas y los feligreses.
Llegaba la hora de la verdad, fuimos a la oficina del peregrino y nos dieron la ' Compostela ' - Ya la tengo -.
Salimos de la oficina del peregrino y lo primero fue fotografiarse con la ' Compostelana ' en la plaza de las Platerias, todos contentos y a celebrarlo. Reposo en una terrazita, cerveza fresca y unas cuantas postales que escribir. Estas las dejé para última hora de la tarde, ahora sólo había que contarnos entre peregrinos todo lo que habíamos hecho en estos días de ' descanso '.
Nos acordábamos de lo mal que lo pasamos en algún momento, pero siempre con el buen sabor de boca que se había pasado y que lo mejor tenía que venir.
Las cosas buenas eran las que nos importaban y las que nos venían a la cabeza. A cada historia le salía su réplica en otro peregrino, no parábamos de contarnos nuestra vida y nuestro camino. Al final y antes de comer decidimos que había que buscar cama para dormir y dejar las mochilas y poder disfrutar de la mariscada y la parrillada: - Qué menos que una tentación después de tanto sacrificio -.
La comida fue a deseo un capricho y bien regado con ribeiro y champan. No dejamos ni las sobras, ( sólo cascaras y caparazones ) parecían los platos pequeñas cruces de ferro, en las que en lugar de piedras había concha, caparazones, restos de una opípara mariscada.
Llegó la hora del café y fuimos dando un paseo por el casco antiguo de Santiago, compré unas postales ( buscaría un rato para escribirlas ) y nos encontramos con Alberto y Esther. Decidimos que había que charlar en una terracita. Junto con el café, el orujo acabaron de asentar la comida y la charla puso su granito de arena en esto también. busqué un teléfono y en un momento movilicé a Renfe, Iberia y autobuses, parecía que todo estaba en mi contra, tendría que quedarme en Santiago una noche. Pero lo malo de todo es que esto no lo supe hasta las 22:30 cuando me acerqué a comprar el billete de tren y me dijeron que no había. Seguimos la fiesta aunque en la cena que estábamos celebrando una de las notas que más sobresalía eran las bocazas que se nos abrían. Levantarse a las 5:30, andar y pasear todo el día por Santiago acaban matando al más ' peregrino ' - en el sentido literal de la palabra.

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La Rua Petin

No hay cosa mas amarga que la vuelta...
Dia 11/8/97

Ya estoy de vuelta en el tren, todavía no he dejado Galicia, pero me doy cuenta que las vacaciones y su prolongación están acabando y es la hora de recapitular y poner algo de orden en las notas y en el pequeño diario que quiero escribir.
No se si será la forma más correcta de exponerlo, pero estoy pensando hacerlo de fin a principio. Veré que sale.
Ahora como ya he dicho voy camino a casa en el día que he tomado de rebote. Ayer cuando me acercaba a la estación para volver a Miranda me quedaba con pena por la corta estancia en Santiago y la cuadrilla de Madrid que había dejado en el pueblo y que se portaron tan bien conmigo.
Pero la pena se convirtió en ' rabia ' cuando no pude coger billete, me pareció muy mal que no me hubiesen informado bien, pero como para todo había soluciones lo que hice fue volver al centro a localizar a estos chicos ( Juan Andrés, Sagrario, Fátima ) para ir a cenar. El problema de dormir también se solucionó y la cena aunque estuvo entretenida nos pusimos trascendentes con el Camino y otras cosas, dejaba siempre entrever que lo que más necesitábamos era descansar. Se abrían unas bocazas como soles y era general, ante esto lo que decidimos fue tomar un cafelito y a dormir.
Antes que se olvide, estoy haciendo el viaje en tren con un grupo de Scouts franceses que me tienen rodeado. Ha llegado la hora de comer y han montado un zafarrancho impresionante. Parecían las cocinas de un gran hotel, tenían de todo y para dejarles más tranquilos les dejé hacer y salí fuera a mirar por la ventanilla, el paisaje era muy bonito: bordeando pantanos y zona montañosa.
Al final el compartimento no quedó nada mal, fueron curiosos a la hora de recoger todo el festín.