Este diario se encontraba en:

http://www.peregrinosasantiago.com/foro/read.php?1,8599,8600,printview
http://www.peregrinosasantiago.com/foro/read.php?1,8599,8601#msg-8601
http://www.peregrinosasantiago.com/foro/read.php?1,8599,8605#msg-8605
http://www.peregrinosasantiago.com/foro/read.php?1,8599,8606#msg-8606
http://www.peregrinosasantiago.com/foro/read.php?1,8599,8607#msg-8607
http://www.peregrinosasantiago.com/foro/read.php?1,8599,8608#msg-8608

Camino Portugués
01. Barcelos - Ponte de Lima
02. Ponte de Lima - Tui
03. Tui - Redondela
04. Redondela - Caldas
05. Caldas - Padrón
06. Padrón - Santiago

Barcelos - Ponte de Lima

33 Km

Cuando llegó José Antonio a la estación de Vigo, eran las 8:00 de la mañana y nos paramos a tomar un café, tras lo cual fuimos en dirección a Tui para recoger a Jorge, un amigo peregrino compostelano al que muchos conoceis.

Había una niebla espesa durante todo el trayecto. Localizamos a Jorge en una cafetería tras lo cual nos encaminamos hacia Barcelos.

Una vez allí comenzamos un breve paseo por el casco antiguo. Entramos en la Igrexa de Matriz, bellísima por dentro, pero no logramos que nos sellen. Dado que creemos que los bombeiros son la única opción de sellar, optamos por acercarnos al parque de bombeiros en Barcelinhos, cruzando el río Cavado. A la vuelta, tras la visita al museo arqueológico, obtenemos también un carimbo poco habitual, con relieve y sin tinta en la igrexa de S. Bom Jesus da Cruz. Jorge dispara con entusiasmo la cámara de fotos, el casco histórico de Barcelos merece eso y más.

Como el tiempo transcurre con rapidez, José Antonio y Jorge me acompañan unos minutos en la salida de Barcelos. Son más de las 12:00 del mediodía, hora española, y unos de los puntos a tener en cuenta es que tengo poco más de siete horas de luz diurna para recorrer los 33 km. y llegar a Ponte de Lima. La sugerencia es clara, "si se hace de noche, opta por la carretera".

Durante los primeros km. tras cruzar la vía del tren se suceden varias igrexas junto al Camino. A pie de una de ellas acabo por quitarme ropa, estoy sudando y hace bastante calor.

Al poco me encuentro a un peregrino, de Camino a Fátima. Es croata, parece bastante joven y se rie de verdadera felicidad de encontrar compañía. En un español muy bueno comenta que salió de Roncesvalles y al llegar a Santiago decidió continuar.

Aprovecho para comer en Aborim, en un banco de piedra frente a la iglesia. Llevo un bocadillo de tortilla de cebolla, cuya sola mención provocó antes que José Antonio se separara de mí de un salto, horrorizado. A la salida del pueblo paro a tomar un café, menos mal que lo hice, porque no hay más bares o similar hasta casi llegar a Ponte. Sólo un "MiniCorteInglés" donde compro cacahuetes, el único fruto seco que tenían.

A lo largo de todo el Camino se suceden los bosques con pino y eucaliptus y las parras, también abundan los cítricos, naranjas sobre todo, a punto de recolección.

Los portugueses son muy amables, cuando te ven aparecer esperan un leve gesto de saludo para devolverlo, con amplias sonrisas.

Sorprende encontrarse de repente con la igrexa de Victorino dos Piaes, a unos doce km de Ponte. Los campos se suceden, la señalización es perfecta, no hay un sólo perro peligroso suelto. En Facha el Camino se desvía por un delicioso sendero entre árboles, tengo pocas posibilidades de parar si quiero llegar con luz. Además, he encontrado un par de zonas con agua, mucha, donde hay que pensar la estrategia para lograr pasar sin mojarse. Pisando piedras, tanteando la resistencia del barro con el bordón, en ocasiones bordeando por el campo del vecino y luego atravesando el zarzal cuando no queda ya agua ... y si hay que pisar, encima de una rama, que distribuye el peso. Bueno, finalmente con paciencia se logra evitar el chapuzón, pero se consume un tiempo que se empieza a escapar.

A dos km. de Ponte encuentro un bar. Me meto de cabeza y pido una cerveza. Estoy agotado. En el tren no se duerme bien, y el ritmo ha sido constante y vivo. El reloj de la pared marca las 5:30. Tengo 45 minutos de luz para dos km, Ponte de Lima está casi a la vista. Sucede algo que me reanima bastante, un chaval joven entra en el bar, saluda con familiaridad a todos los clientes presentes pero a mí me da un espontáneo abrazo. Pido otra cerveza, me lavo las manos y bajo a Ponte de Lima.

Es domingo por la tarde, el río Lima discurre a mi izquierda, las parejas pasean por todas partes, hay luz suficiente para apreciar con claridad el pueblo. Camino tranquilo, ya me da igual que se haga de noche. Cuando la flecha me señala que debo cruzar el Ponte, pregunto por la rúa de Crasto. Me señalan que debo avanzar un km. aprox. por una calle que comienza enfrente de mí. Finalmente llamo por teléfono desde un restaurante a M. das Dores, cuyo hotel está enfrente de donde me encuentro.

Cuando por fin cruzo la calle, me está esperando en la puerta. Es una persona encantadora, que trata con gran cariño a los peregrinos que vienen por su casa. Le comento que De la Riera me ha dado su contacto, me comenta que por allí paso "un músico, que le regaló un CD" ¿Alberto Solana? Siii, exclama reconociendo el nombre. Y también vino Fernando ... Fernando ... ¿Pazos?, respondo yo. De nuevo una sonrisa en su cara.

Me da a elegir habitación pues no hay nadie, mientras me comenta que me dejará algo de cena, embutido, leche, fruta, y para que también desayune por la mañana. Estoy agotado, el día ha sido muy intenso y largo. Me comenta que no hay calefacción, pero que hay abundantes mantas, por frío que no me preocupe.

Tras la ducha, ceno algo, poco, estoy demasiado cansado, y a la cama.

[subir]

Ponte de Lima - Tui

42 km.

Tras levantarme más tarde de lo previsto y desayunar, me acerco a la casa de María das Dores para agradecerle sus atenciones conmigo y despedirme. Es una persona de lo más amable, además me insiste en que me lleve unos lácteos para el Camino. Me enseñó su imagen de Santiago en la entrada, y comentó que además el 25 de Julio coincide con su cumpleaños.

Antes de salir de Ponte me perdí durante un buen rato por sus calles, por lo que hasta casi las once de la mañana no crucé el puente medieval en dirección a la Serra de Labruja.
Trato de carimbar en una igrexa, abierta, pero el sacerdote no está y no saben cuando volverá.

Poco a poco van desapareciendo los pueblos, las casas, mientras el Camino va ganando altura. Tras pasar por debajo de la autopista y superar una zona con tojos, decido quedarme en manga corta, visto el calor que hace. La tranquilidad solo logran romperla los camiones de la autopista, pero de repente ésta desaparece. logrando un silencio total. Tras pasar la fonte de las tres bicas ytomar el desvío de St. Joao, entramos en una zona impresionante, pura naturaleza, ni una casa a la vista, ni pueblos, ni nada. Paradas frecuentes, para qué seguir si no hay ninguna prisa. Pero de repente, las flechas marcan una subida por el monte, sin camino pero no hay pérdida posible, dejando atrás varios senderos, en uno de los cuales hay incluso una fuente. Perfecto, otra excusa para pararse. La "Cruz dos Franceses" de Nicola Albani es suficiente motivo para que el camino pase por este lugar, no apto para bicicletas. Finalmente se llega al punto más alto, desde elcual la bajada nos acerca a la posibilidad de comer algo en Rubiaes.

Caminando junto a una finca donde se encontraba suelto un caballo, al verme vino trotando, se puso junto a mí al otro lado de la valla y siguió a mi lado hasta el final de la finca, donde la valla tenía menor altura por lo que pudo sacar la cabeza, exigiendo su mimo bien ganado, Lo obtuvo, naturalmente, casi pedía que me quedara un poco con él.

Como contraste, al momento pasa un perro a toda velocidad a mi lado, pegado a la valla, realmente aterrado, No se detiene hasta que no está 50 metros detrás mio, girándose sin quitarme ojo. Pobre, seguro que se ha llevado palos de su dueño a diario, y está viendo mi bordón, que alcanza 1,80 metros.

Tras localizar el hostal de San Roque, me comentan que ellos no dan comidas, pero que hay un restaurante a un cuarto de hora, donde me detengo a comer algo. Antes del hostal he pasado un par de "MiniCorte Inglés", casi juntos, algo raro porque lo normal es pasar las aldeas sin ver nada abierto.

Finalmente, a media tarde veo un bar y me paro a tomar algo. La temperatura está descendiendo, por lo que me pongo algo de abrigo. En el bar me preguntan desde donde vengo, charlamos animadamente un rato, hasta que me despido y me voy. Pero nada más comenzar a caminar, veo un cartel donde pone Fontoura. Fontoura, Fontoura ... ¿de que me suena eso? De repente lo recuerdo, enfrente está la iglesia y al otro lado un bar, en el que entro directamente. Me atiende unajoven rodeada con dos niños de siete-ocho años. Tras pedirle un vinho verde, le pregunto:

- Por favor, ¿podría ver a Carlos Pedrosa?

La joven me examina ahora con más detalle. Se va y al poco aparece Carlos. Debe tener unos cuarenta años, delgado y con bigote, bastante serio. Me pregunta que quiero.

- Hola Carlos, un amigo me comentó que tienes una fantástica colección de acordeones, al saber que pasaría por aquí ...
- Te gustan los acordeones? ¿Tienes tú alguno?
- No pero la música es una de mis pasiones.
- Tomate tranquilo el vinho, descansa y luego vengo a buscarte.

Al cabo de un rato viene a buscarme. En una sala alargada de unos 50 mts cuadrados, repartidos por el suelo, estanterías, por todas partes, hay al menos un centenar de acordeones de todos los tipos, tamaños y colores. Con Carlos hay otras dos personas, un hombre de su misma edad con algo de tripa y otro de unos cincuenta, calvo y con gafas. Hablan atropelladamente, no me entero de nada, por lo que tímidamente voy echando un ojo. Están hablando de precios. Carlos seguramente vende acordeones y también los repara, hay piezas de repuesto por todas partes. Un San Pancracio,un fax que hace las veces de teléfono ... De repente, parece que la conversación pasa al campo musical. Uno coge un acordeón, obtiene de él unos acordes, otro responde con el otro acordeón... Yo de mudo y privilegiado testigo, música en sintonía con la conversación.

Al rato, Carlos debe salir, y puedo intercambiar unas palabras con los dos portugueses, muy amables. Veo que no puedo quedarme más, por lo que salgo y le pregunto a la mujer que cuanto es. No me acepta que le pague el vinho, lo que motiva que pida otro para que me acepte pagarlo.

Mientras lo tomo vuelve Carlos. Le doy las gracias por recibirme, pero sólo me queda media hora de luz y doce km. para Tui, debo partir. Me comenta que si soy de Tui.

- No, pero pienso llegar allí a dormir. Yo vivo en Madrid.
- En Madrid!! a más de 600 km. !! exclama, sorprendido. Viene por aqui con frecuencia un peregrino gallego, creo que vive en Santiago, o en Vigo, no estoy seguro...
- Sí, con gafas, que fuma?
- Sí, que viene siempre con la gaita al hombro.
- Carlos, él es el amigo que me sugirió que viniera a verte.

Un buen apretón de manos, ahora ya no está tan serio. Me voy tratando de aprovechar los últimos minutos de luz. La noche cae inexorable, al fondo se ve una carretera con tráfico intenso. La tomo hasta ValenÇa. Me resigno al tráfico, ya llegaré. Cruzo sin prisa el puente y aparezco en el albergue mientras suenan nueve campanadas. La puerta está abierta y Carlos, un peregrino de Mostoles, hojea distraidamente un folleto mientras carga la batería del móvil. Se admira de pensar que llego ahora. La hospitalera se ha ido hace un par de horas, el está haciendo tiempo hasta mañana, que comenzará a caminar.

Compruebo que no hay calefacción. El albergue está muy bien, pero los acumuladores están descargados. La noche anterior pasé algo de frío, por lo que vuelvo a calzarme y rehacer la mochila y le comento a Carlos que creo que buscaré una pensión. Me cuesta encontrarla, al final me tengo que conformar con habitación sin baño ni calefacción, pero no paso frío. La cena, en una cafetería próxima, a base de tapas y con un albariño fresquito sugerido por un cliente, peregrino hace pocos años, a muy buen precio en la mesa. Y a las doce, a dormir.

[subir]

Tui - Redondela

30 Km

A las ocho en punto salgo de la pensión. La puerta del albergue está abierta y Carlos ya se ha ido, hace una hora, como sabré más tarde. Las nieblas dominan Tui. Bajo hasta el río, cuyas aguas casi no se ven, de la costa portuguesa ni hablemos.

Dedico un buen rato a pasear por el casco antiguo de Tui. Hoy no hay ninguna prisa, la etapa es más corta y es mucho más pronto. Finalmente tomo el Camino y empiezo a ver los primeros mojones indicando la distancia que falta a Santiago. Pronto vuelvo a quedar en manga corta.

Al poco aparece un bosque de auténtico cuento, que entre brumas y nieblas se disfruta enormemente. Sólo falta la meiga, que finalmente no aparece. Pero el juguete se rompe con la entrada a Porriño. Si podeis, la entrada en Porriño hay que planificarla para un domingo, para reducir camiones, ruidos, polvo, etc.

En este punto me llama Bruno, un compañero de trabajo nacido en Porriño. Su padre está ilusionado con la idea de conocer a un peregrino compañero de trabajo de su hijo. Don Manuel me espera al final del polígono, justo donde el Camino cruza un puente a la izquierda. Se convierte para mí en un perfecto guía en Porriño. La capilla de Nuestra Señora de Guía, con el año 1.552 en la fachada, es el punto alrededor del cual se empieza a construir el pueblo. Y esta otra iglesia se construyó en cuatro fases, ¿ves? esta parte tiene un diferente estilo a esta otra, ...

Don Manuel realiza frecuentes viajes a Ponte de Lima, Valença y Tui, magnetizado por su entorno. Comenta que en el Concello de Ponte hay nada menos que 27 pazos donde se puede obtener alojamiento, con una ilimitada escala de tarifas, que se pueden contratar en una oficina única en el centro de Ponte. También me muestra las diferentes zonas que rodean Porriño, con auténticos espacios naturales dignos de visitar, por los que durante años ha caminado con Bruno. Finalmente, me muestra su casa, con gruesos muros de piedra, cuya construcción ya está registrada, dice, en el primer registro catastral elaborado por el Marqués de Ensenada.

Tras insistir en que me lleve un buen trozo de empanada, me acompaña a las afueras de Porriño siguiendo las flechas, donde se despide. He disfrutado de verdad su presencia. Y en cuanto me doy la vuelta para comenzar a caminar, suena el móvil de nuevo. Se trata de Javier Pitillas, peregrino residente en Vigo del que muchos habreis leido su relato, familiar y entrañable, donde nos cuenta su Camino en bicicleta desde Roncesvalles junto a un amigo y ambas familias. También ha recorrido varias veces a pie el Camino Portugués. Su propuesta es irrechazable: Me recoge a pie de Camino, me invita a comer en su casa, me enseña algo de Vigo, lo que nos dé tiempo y finalmente me vuelve a dejar en el punto donde me haya recogido antes.

Para facilitar el encuentro, sigo por la N-550 donde coincidimos en un punto de fácil localización para la vuelta. En su casa me siento tratado con cariño. Estela, su mujer, se deshace en atenciones conmigo. Le comento que tras los relatos de Javier me resultan todos ellos familiares, como si les conociera ya de antes. Reina el buen humor. Martín, el hijo pequeño, muestra su curiosidad, por el bordón, por la mochila, por todo. Más tarde llega tambien Javier, el hijo mayor, y juntos comemos. Lástima que todavía quedan algunos kilómetros y las horas de luz pasan deprisa. Toca coger los bártulos y despedirme de la familia de Javier.

Antes de volver al Camino, Javier me muestra una panorámica de Vigo desde el monte Alba, pese a la ligera bruma que cubre la ciudad. Al fondo, majestuoso, el monte Galiñeiro domina la ciudad. Pero el tiempo vuela y Javier me lleva a toda prisa al punto donde me recogió, donde nos despedimos a las 5 de la tarde con un abrazo. Luego me llamaría todos los días para saber que tal me iba. GRACIAS POR TODO, AMIGO JAVIER PITILLAS.

Faltan unos nueve km. como me toca tirar de carretera todo el tramo, sólo hago una parada para tomar una cerveza, que me toca hacer la colada. A las siete llego a Redondela. Carlos me localiza por la calle, se alegra mucho de verme de nuevo pues no ha visto peregrinos en ningún momento. Se va a comprar algo de comida para hacersela en el albergue, si quiero compra más para que llegue para ambos, pero yo prefiero salir a la caza y captura de unos chocos en su tinta, y con esa excusa ver Redondela.

La simpática hospitalera me recibe y me enseña el albergue. Ayer hubo tres portugueses, dos franceses y dos brasileños. Le pregunto que si hay calefacción y me dice que sí, de hecho la que tiene detrás está caliente. Subo a ducharme y a hacer la colada, pues ayer no pude, y veo que los acumuladores de arriba no funcionan. Comenta que comenzarán a funcionar a las ocho, pero nos pasamos la noche sin radiadores (tampoco hace demasiado frío).

Por mi parte, incapaz de encontrar chocos ni nada parecido, opto por un menú especial para peregrinos en un restaurante junto al albergue. Al volver, como la ropa está empapada, sólo se me ocurre medio secarla a base del secador eléctrico de manos, bastante efectivo. Lo imprescindible, que Carlos trata de acostarse. Luego, a dormir.

[subir]

Redondela - Caldas

38 Km

A las siete y media suena el despertador de Carlos. Habíamos quedado en caminar juntos hoy. Nada más empezar desayuno en un bar a las afueras, pero Carlos no quiere tomar nada. Sigue haciendo buen tiempo, fresco como todas las mañanas, aunque pronto nos quedaremos los dos en manga corta.

Al poco aparece ante nuestros ojos la Ría de Vigo. Como no hay niebla, podemos disfrutar de la vista durante un buen rato. Se suceden algunos tramos de carretera y al poco vemos un desvío hace Pontesampaio. Un hombre nos indica que debemos subir por allí, pero no hay ningún tipo de flechas. Al poco rato se confirma lo peor, nos hemos saltado alguna flecha y Pontesampaio está bastante atrás. Finalmente decidimos seguir, entre carreteras semiabandonadas volvemos al Camino, por la zona del cruceiro de Cacheiros (o lo que queda de él, desapareció alguna noche brumosa de su pedestal). Por cierto, nos encontramos con una señora que, visto el intenso paso de peregrinos por allí (ayer vio a otros dos) está pensando en salir a ofrecerles agua fresca y cocacolas para ganar unas perras. Horror, a qué me suena eso.

Con Carlos se camina bien, es buen compañero, tiene conversación y salidas divertidas. Llegando a Pontevedra, conversando con unas señoras bastante mayores que estaban en el balcón de su casa, nos preguntan que si nos quedábamos a dormir en Pontevedra. Su respuesta fue: "Yo sí, pero este, como tiene un par de cojones así de grandes, piensa seguir". Las señoras se reían de buena gana, con una risa escandalizada pero muy divertida.

La etapa pasa fácil, vamos comiendo unas chocolatinas que llevaba Carlos y los frutos secos que me quedaban de Portugal. Carlos se ha decidido por el Portugues al acabar unos exámenes, sus padres lo hicieron el verano pasado. Pero no se ha preparado físicamente, y además al día siguiente sus zapatillas de deporte seguro que le juegan una mala pasada en una zona anegada de agua que encontrará entre Pontevedra y Caldas. Cuando llegamos a Pontevedra está al límite de sus fuerzas, ya venía con la intención de quedarse, por lo que en las cercanías del albergue nos damos un abrazo y nos deseamos buen Camino.

Son apenas las doce y media, y me dirijo a visitar el casco antiguo de la ciudad. Aprovecho la circunstancia de que la Iglesia de la Peregrina está abierta para visitarla. Durante una hora recorro las calles del centro, me tomo un vino, y finalmente, cruzando un puente, la salida de la ciudad, donde aprovechando los bancos junto a una fuente me como la empanada que me dio Don Manuel en Porriño. La afluencia de vecinos a la fuente en busca de agua es constante.

Finalmente, afronto un tramo de una belleza impresionante. Al cabo de un par de horas, veo un bulto multicolor en la hierba, al acercarme ... ¡peregrinos! son la pareja francesa, están tumbados en la hierba, descalzos y tomando el sol. Hace bastante calor, aunque el aire que corre es bastante fresco. Se llaman Olivia y Mateo, son de la zona de Paris pero viven en Madrid, donde están estudiando. La conversación es fluida, su español perfecto, y finalmente me voy, para dejarles disfrutar juntos del lugar que han elegido para descansar.

Sigo hacia Caldas, poco a poco me hago a la idea de que la distancia real es de cinco km. más que mi previsión original. Paso el desvío a casa Florita, aunque me paro con frecuencia, casi con cada agricultor, en ocasiones incluso me quito la mochila. La parada más larga, con un agricultor que maneja el tractor ... con una pierna escayolada. Le quitan la escayola en una semana, su mujer le ayuda en lo que puede. Finalmente, en la entrada de Caldas coincido con el trío portugués. Entre Pedro y Carlos llevan con su bordón la mochila de Sandra, que está agotada y no puede con su alma. Les saludo brevemente y sigo, pese al secador de manos la ropa sigue mojada y debo secarla bien si no quiero que se estropee. Encuentro finalmente habitación en el Hotel Lotus, en torno a las siete de la tarde, donde tras insistir finalmente aceptan encender la calefacción. Menos mal. De inmediato pongo la ropa a secar y tras ducharme, salgo a ver las termas. Junto al puente, la temperatura del agua es elevada y me advierte un vecino que al poner las manos me puedo quemar.

Tras un largo paseo, entro finalmente en "O Muiño", donde pido una ración de chocos y otra de berberechos, con un poco de Ribeiro. El interior es acogedor, hay buen ambiente entre los clientes, todos habituales. Cuando termino, se me acerca uno de ellos y al poco entablamos conversación. Se trata de un arquitecto de unos 55 años, que casualmente tiene un piso casi al lado del de mi padre, en Madrid. El mundo es un pañuelo. Me comenta que las campanas de la Catedral de Compostela, las mismas que Almanzor se llevó a Cordoba en 997 a hombros de los esclavos cristianos más robustos, fueron construidas allí, en una fábrica en una aldea a unos cuatro km. de distancia. Lo más sorprendente es que esa fábrica sigue trabajando, su último encargo es un par de campanas para la Catedral de la Almudena, en Madrid. Comenta que mantienen las mismas fórmulas milenarias para elaborar la aleación necesaria para las campanas. Bueno, Alberto, supongo que ya comentarás algo de si lo de la fábrica puede ser así o bien me han tomado el pelo fácilmente.

Al salir de O Muiño me va explicando más detalles sobre Caldas y su historia. Finalmente, nos despedimos y a dormir, que de nuevo son casi las doce. Como los radiadores están fríos de nuevo, me quedará algo de ropa por secar del todo, aunque la que puse antes sí lo está.

[subir]

Caldas - Padrón

21 Km

A las nueve y media bajo a desayunar a un bar, cerca del Lotus. La etapa es muy corta comparada con las anteriores, casi un paseo. Hoy hace bastante más frío que ayer. Volvemos a encontrarnos bosques mágicos, caminos silenciosos. Uno de ellos desemboca en la carretera y busco durante un rato la señal que indique por donde seguir. Al poco, sale un hombre de una casa próxima.

- Por allí, en aquel Camino. - comenta. - Ah, si, ya veo la flecha, muchas gracias. - Antes había aquí una de esas conchas incrustadas en esa pared, pero los chavales, ya sabes ...

Pese al frío intenso, hay muchos ancianos paseando al sol por los caminos. Uno va a atar las parras a los postes, el otro hace su paseo diario, algunos hacen varios km. todos los días. Da gusto pararse a hablar con ellos, tienen la mente y las ideas claras y con todos ellos se aprenden cosas. ¿La excusa? ¿Qué más da? El tiempo, el cielo azul, los buenos días, que paisaje más bonito ... se trata de abrir la boca, ellos encantados de charlar un poco y todos tienen cosas interesantes que decir.

A eso de mediodía llego a Cesures y poco más tarde estoy en Padrón. Junto a la iglesia de Santiago, una estatua a Rosalía de Castro recuerda que los emigrantes a Uruguay y Argentina no olvidan su intenso trabajo en favor de las letras gallegas. Finalmente llego al albergue.

Aquí no hay calefacción. Este es el primer albergue que se inauguró en el Camino Portugués, y no pensaron en eso. Tras instalarme, al rato llega la pareja brasileña, Mara y su hijo Marcelo, de 15 años. Para entonces, ya he cerrado ventanas, etc, para permitir que la temperatura interior no siga bajando. Cuando acaben el Camino irán una semana a Madrid para visitarlo antes de volver a Brasil. Les doy varias sugerencias de como aprovechar ese tiempo, en el que además deben hacer muchas compras. Están de suerte, las rebajas están en su punto final y hay auténticas oportunidades.

Mientras cierro ventanas y curioseo un poco, me llama la atención la litera para minusválidos. Por supuesto, en la planta baja, en una estancia muy espaciosa y con un baño al lado. Curiosamente, los baños y duchas están en la planta baja y las literas "normales", en la primera planta, en una gran estancia. Me apena un poco localizar un par de enchufes medio destrozados, mientras trato de buscar uno para cargar la batería del móvil. Los exteriores del albergue son magníficos, merecen dedicarle unos buenos minutos.

Posteriormente voy a dar una vuelta y a comer. El convento del Carmen, justo encima del albergue, no lo abren hasta las siete. La iglesia de Santiago, donde está ubicado el Pedrón, hasta las siete y media. Por tanto, voy a comer. Durante mi paseo por el centro de Padrón trato de localizar el bar Rial, cerca de la plaza de Macia. Un poco de pulpo y calamares, con un poco de Ribeiro. Al salir veo que ya puedo visitar el Pedrón. Se encuentra bajo el altar, bien iluminado.

Subo al albergue, donde ya han llegado los portugueses y los franceses. Entre todos ellos hay muy buena sintonía. Mientras esperamos Mara y yo a que abran el convento del Carmen, hace un frío gélido y no hay quien aguante a la intemperie. El cambio en las temperaturas ya ha llegado. Tras la visita, puedo conversar un poco con la hospitalera. Hablamos del joven croata, que tenía intención de ir a Córdoba desde Fátima, trabajar allí un mes para ahorrar algo de dinero y luego ir a Africa. ¿A Africa?. Si, eso decía. Parece ser que llevaba la mochila atiborrada de latas de conserva, debía pesarle un quintal.

Me voy a dar un nuevo paseo por Padrón, como cualquier cosa y al volver son las 8:30. El grupo está preparandose para cenar. Me invitan al momento, me quedo con ellos pero como ya he cenado sólo compartiré con ellos el té posterior a la cena.

La conversación es fluida, predomina el portugués (Olivia es hija de portugués, por lo que también lo domina). Tenemos ese ambiente agradable de albergue, ya lo conoceis, en el que se abordan multitud de temas, todos participamos. Sólo falta Marcelo, durmiendo casi desde su llegada. Finalmente, antes de acostarnos, hay intercambio de direcciones de correo. Mañana, Santiago.

[subir]

Padrón - Santiago

22 Km

Los primeros en marchar del albergue son la pareja francesa. Son cerca de las nueve de la mañana y fuera hace un frío glacial. A los pocos minutos estoy frente a la fundación Camilo José Cela y admirando la Colegiata de Iria Flavia. El Camino discurre por senderos tranquilos y de gran belleza, y finalmente me separo del Camino para tomar café junto a la carretera.

A veces, no sabes porqué decides entrar en los sitios, pero en un bar donde entro a tomar un vino recibo un gran recibimiento, me invitan ... de verdad, en esos casos el cansancio desaparece de golpe, los ánimos que te dan de forma espontánea llegan muy adentro.

Poco más tarde, en un poste, las señales son contradictorias. Estamos en A Picaraña, hay que seguir por carretera SIN PARAR en ninguno de los bares (aunque paguen justos por pecadores) y al final de la recta el camino se desvía a la izquierda. Al poco nos encontramos el albergue de Teo. Está cerrado, pero vienen los teléfonos de contacto para su apertura. También avisa de la presencia de un bar a doscientos metros, donde el dueño me comenta que a veces los peregrinos le piden para cenar bocadillos de chorizo, queso, etc.

Durante el Camino, consciente del frío, compruebo cada pocos km. que la palma de las manos sigue caliente. Sin problema.

En el último bosque, una ardilla en medio del Camino, se aparta a toda velocidad y sube a un árbol, pero no se oculta. Exhibe su habilidad para saltar de árbol en árbol, y cuando se tranquiliza, parece que se acostumbra a mi presencia. Nos hacemos compañía mutua al menos un cuarto de hora, no se va ni cuando me quito la mochila con calma para apurar mis reservas de agua. Al final, el que se va soy yo.

La entrada en Santiago supone una rápida transición entre esos senderos y las calles compostelanas. Tras pasar el hospital, todo recto hasta la alameda y el casco viejo de la ciudad.

Mientras, llega un SMS de ánimo de Mario Calvo. Tras hablar con él, me comenta De la Riera que no le será posible venir hoy a Santiago, como era su intención, pero me confirma la llegada de Gloria Vinyals con un grupo de peregrinos de la Asociación de Amigos del Camino de Barcelona en un viaje relámpago y agotador. Gloria, activa y dinámica, nos ha regalado unos relatos sobre el Camino Catalán y sobre el Camino del Ebro, recientemente.

Quedamos en Casa Manolo, donde llego tarde, pues he estirado el tiempo, me he duchado, visitado la Catedral y recogido la Compostela. En el grupo, además de Gloria, están Hector, habitual hospitalero en Hospital de Órbigo, Sofía, Mª Carmen, Lilou, Tere, Jesús, Capi y Vicente ... en Casa Manolo abundan la risas, el buen humor, corre el vino y finalmente se suma al grupo Mario Clavell.

Santiago siempre es una fiesta, una fiesta entre peregrinos, a la que además se suman el trio portugués, la pareja francesa y Jorge Suárez, quien ejerce de guía mostrándonos la Catedral. Tras la comida, toca perdernos en la Catedral, las calles de Santiago, tiendas, etc. Finalmente el grupo de Gloria se tiene que ir a Labacolla, acompañamos a la pareja francesa al tren y tras cenar a base de tapas con el trio portugues, Jorge y yo nos despedimos también de ellos. La noche, en pleno Carnaval y fin de semana, está animada, pero es tarde y hay mucho cansancio acumulado.

Bueno, esto es todo, espero que os haya gustado.